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Polígrafo Político / Darinel Zacarías

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¿Normalidad electoral?

“Porque el gobierno es ágrafo y mezquino, porque la almohada está turbada, porque el fuego es un luego sin destino (…) Los principios no sirven ni de adorno, bienvenido el cinismo y la ignorancia”

Joaquín Sabina.

Persiste hoy un algoritmo frente a las elecciones del 2021. La emergencia ocasionada por el Covid-19 y con ello, la importancia de dilucidar las formas y estrategias de afrontar este reto.

Los estragos del coronavirus se han convertido en el mayor reto del que se tenga evocación en el marco de las elecciones modernas.

Su aparición ha desentrañado la necesidad de reconsiderar muchas de las actividades cotidianas y tratando de adecuar esa llamada “normalidad” en la que hoy estamos sumergidos.

Pregunto ¿Será que un virus está logrando también en otra arista, evidenciar que las instituciones democráticas son tan frágiles e exiguas?

Y es que la cepa de este virus parece que regresó con mucha más agresividad y con ello, específicamente en el terreno lectoral, deberá delinear una nueva estrategia para la celebración del ejercicio electoral 2021.

Entonces nos enfrentamos a una nueva normalidad democrática que exige diversas consideraciones y reflexiones en torno a los retos que supone la compleja realidad social en la que hoy atravesamos.

Por eso insisto que en que tanto los órganos electorales rectores de este tipo de ejercicios, los políticos, sus operadores y hasta los mismos votantes estaremos enfrentándonos a nuevos desafíos, que, a decir verdad, generalmente no los tienen previstos.

El semáforo epidemiológico considerado un bosquejo de la situación en la que nos ubicamos frente al Covid-19 nos coloca en un retroceso, mismo que nos hace hincapié en nuestra irresponsabilidad social y sus efectos.

De continuar así o empeorar el panorama sanitario, no estamos lejos de poder en algún momento pensar en elecciones que se deberán postergar o aplazar.

Se lee inadmisible quizás, pero persiste mucha incertidumbre en el escenario de salubridad y con ello los golpes colaterales a la economía, el empleo, lo social y en lo electoral, ni hablar.

En el entendido de que toda elección debe cumplir con etapas que la doten de legitimidad; la modificación de cualquiera de estas podría poner en duda la elección completa.

Una de ellas, quizá la más apreciable, es la celebración de campañas, las cuales podrían realizarse a través de medios alternativos cuando las y los candidatos tengan una movilidad restringida.

Sin embargo, y tomando en cuenta que la difusión de un mensaje electoral es uno de los procesos más importantes en una elección, reducir el tiempo de la campaña podría ir en detrimento del proceso electoral en conjunto.

La pandemia estaría provocando poca participación ciudadana, además de enaltecer el oportunismo político y de un debate de ideas, ya ni se diga.

Una campaña precoz, austera y apegada principalmente a través de diversos elementos de comunicación, ajenos a la política directa y de cara a cara.

Los políticos deberán en este caso aportarles a las redes sociales, a las distintas plataformas digitales de información, preparar contenidos positivos y axiomáticos.

La necesidad les permitirá crear materiales creativos, novedosos que les permitan promover una política de ideas y propuestas de mejora ciudadana.

Evitar a toda costa, caer en escenarios de descalificaciones y de cuentas ficticias y anónimas para vilipendiar.

Las elecciones están a la vuelta de la esquina y los mecanismos para la captación de votos han cambiado, así lo requieren estos tiempos.

Si las elecciones son la piedra angular de la democracia, merece la pena reflexionar cómo pueden llevarse a cabo en estos tiempos de incertidumbre y de crisis sanitaria.

Ojo, mermar la reputación del sistema electoral conlleva riesgos legales, políticos, financieros y operativos.

Recordemos al Gabo cuando dijo “La epidemia del cólera había causado en once semanas los más grandes estragos de nuestra historia”.

Sugerencia: Si usted se mete a político no confunda la austeridad con la tacañería. No sea mezquino, contrate un buen equipo de comunicación, déjese asesorar, escuche consejos y sugerencias. No se sienta todopoderoso. Invierta en su imagen, no sea político radical y cerrero.

Una cosa es ser popular, del pueblo y para el pueblo. Otra muy distinta rayar en lo ridículo y en lo bufón. ¡Cuide su imagen!

Así que, como dice el apotegma ¡Quién tenga más saliva que trague más pinole!

PD1: En política dicen los cánones que apostarle al dialogo y a la unidad siempre será de gran beneficio y traerá consigo grandes y beneficiosos resultados de convivencia, paz y tranquilidad. Le llaman coyunturas, acuerdos, pactos, convenios y eso lo saben quiénes en este oficio tienen experiencia y son lobos esteparios en la jungla electoral. En San Cristóbal de las Casas lo sabe Fabiola Ricci, Mariano Ochoa y Marco Cancino. El color del carril es lo de menos, la ecuación la interpreto así; Fabiola para diputada local, Mariano para una curul federal y Marco para dirigir los destinos de los coletos. ¡Mucho éxito!

PD2: En Suchiate se calienta el escenario electoral. Mujeres empoderadas parece que serán las que se disputarán la elección a la silla municipal. Dilma parece que será la bandera los esmeraldas, Sonia por los morados y la célebre y polémica Matilde “La Loba” ya camina por el Chiapas Unido y parece que, en su territorio, sólo se escuchan sus aullidos.

¿Quién dijo qué tengo sed? 

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