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Qué más pué… / Carlos Coutiño

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Fiesta o feria de enero

Chiapa de corzo, tiene el distintivo de ser un pueblo autóctono, por ello conserva en parte su cultura a través de sus costumbres que las han convertido en una tradición a poco más de un siglo, realmente hay datos que muestran que su fiesta pagana de enero, ha tenido una metamorfosis que lo coloca ahora como una acción extraordinaria para muchos.
Existe “dislexia cultural”, se escribe y se entiende de manera distinta a la realidad, es decir, hay un multiculturalidad de intereses, donde la población no logra entender, pero que importa poco o nada, pues lo que vale es el hecho mismo de poder disfrutar a su modo lo que acontece en estas fechas.
Se llama feria, por la presencia de las vendimias, juegos mecánicos y ahora incrustado el teatro del pueblo; la fiesta es la que se da en el contexto religioso, social que cobra una dimensión fenomenal, pues se agrupan varias funciones durante dos meses y si se apura en la expresión se puede decir que es anual.
Al contextualizar, la fiesta y feria como ahora se observa, inició en 1900, es decir, hoy cumple 120 años; lo clásico los Carros Alegóricos, Combate Naval, Parachicos, Chuntá, la celebración de los santos y el combate de confeti, más las vendimias que se instalaban por el 10 de enero en adelante.
Se perdió aunque ahora recuperado de otra forma, el 4 de enero con el niño de Atocha, pues se piensa en los niños y se pone al margen los adultos; aunque no está mal visto, porque es una forma de formación para dar continuidad en los siguientes años.
También se dejó de pasar a la presidencia, esto motivado por discrepancias entre el patrón y el edil; con un argumento válido, pero que dejó de tener continuidad a pesar del significado; la Chuntá desapareció y volvió a rescatarse desde hace poco más de 40 años.
El combate de confeti, fue otro punto perdido, varios años atrás, se empezó a realizar, sin que esto muestre una expresión en los visitantes y propios, no han entendido que esto es parte de la anexión de la fiesta; se perdió la fuerza del día 22 para los Parachicos también.
Lo que se ha anexado, el 18 de enero, pues no se llegaba al panteón, era un día muerto; después del fallecimiento el 17 de un patrón, se enterró con sus Parachicos como es costumbre, además del tambor y carrizo, nace el 23 de enero de igual forma y cobra vida.
Hace 24 años se dio inicio a la carrera del Parachico, que empezó casi de cero y que hoy es una obligación participar, pues se convierte en un ícono gracias al trabajo del doctor Clemente, quien lo internacionalizó.
Lamentablemente se agregaron grupos de homosexuales ( 1990- 2020) que han desvirtuado, lo que no significa que antes no existieran; pero se pone en riesgo la tradición, ante la acción sexual y el exceso de bebidas embriagantes que deja mucho que desear.
En un pleito de pobladores con la Iglesia, colocó la presencia de una imagen de San Sebastián, pero al mismo tiempo entre particulares dio origen a un tercer San Antonio Abad, todo ello ha sido finalmente lejos de perjudicar, provocó incrementar la fuerza del pueblo en una fiesta de todos.
Con una intensión de decir que es la fiesta grande, se argumenta que el pueblo en general participa, eso es falso, solamente una cuarta parte están ahí, la decisión de no asistir es por no agradarles la forma en que se presenta, la presencia de personas de otras partes que ahora viven en el pueblo, ven con desconcierto y no son parte de la festividad y finalmente, los que tienen una doctrina religiosa contraria a la católica.
La fiesta tradicional, de seguir así, tendrá más modificaciones y terminará por desaparecer en promedio 15 años más; se perdió el sincretismo, respeto, admiración y se convierte en una farsa de autoridades locales y del estado, incluso la han vendido como una mercancía.
El enemigo más fuerte por ahora, es el licor y la cerveza, mientras se venda a más no poder, se pone en riesgo el contexto cultural y se pondera el sexo, la violencia, la imagen de algo que nace del sincretismo y que se conecta con el espíritu de los lugareños que en realidad saben y sienten en su corazón este proceso de costumbres.
Chiapa de Corzo, es el único municipio que ha sido capaz, de convertirse en el pueblo líder de la cultura ancestral, solo hay que ver a los Parachicos, los floreros, su traje de chiapaneca, para darse cuenta como los pueblos copiaron como propios, lo que deja una muestra de que su propia identidad queda rebasada por los indios Chiapa.
En el olvido han quedado las manos de hombres y mujeres que dieron origen a la creación de los carros alegóricos y combate naval, más allá de los nombres de los patrones de los Parachicos, apellidos y la figura de quienes han sido parte de las Marías de Angulo, todo ello es pasajero lamentablemente para los anales del pueblo y de quienes le visitan.
El pueblo de Chiapa de Corzo, ha perdido por lo menos dos terceras partes de sus tradiciones y costumbres, la transformación de la ciudad, solo fue en contra de ella, la cultura es poco a poco otra, donde se confunde todo por el todo; es de lamentar que este proceso solo conduzca como se dijo, a la posible desaparición de la identidad de este lugar y como consecuencia de Chiapas.
La fiesta de enero, es también los rezos, las misas, la velación, las enramas, los rompimientos, la venta de comida, el recorrido del tambor anunciando la pepita con tasajo y puerco con arroz, los anuncios, las felicitaciones con piñatas, en fin, no es solo lo que se ve, sino también lo que no se alcanza a ver, pero que al final, está presente.

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