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Qué más pué… / Carlos Coutiño 

Qué más pué… / Carlos Coutiño 

Lenguas Maternas

Muerte del ser humano

Las lenguas maternas, son aquellas que dan origen a otra; en el caso de Chiapas la maya es la lengua madre que da pie al Tzotzil y el Tzeltal, su conmemoración en la entidad, es una referencia de lo que significa lingüísticamente la geografía, pero más allá de su riqueza en el habla, está en su dotación de cultura.
Aunque se diga que ha desaparecido o es lengua muerta la Chiapaneca, aún se conserva su léxico castellanizado; pues hoy se habla del Nanda, que significa según río o agua, lo mismo con muchas palabras que están recopiladas en un diccionario de la lengua chiapaneca.
Pero no es todo, hay lenguas originarias como esa, la chiapaneca y el zoque; que son milenarias y que esta última se sigue hablando en la parte de la zona de Mezcalapa, nada puede entenderse si no es a través de la historia, de quienes muy a su “modo”, lograron crear sus propias palabras para comunicarse, aunque no hubo escritura.
De tal suerte que cuando las escribimos, prestamos las letras del español, por lo tanto solo serán un mero estilo para escribir con x, j, h, t, z, al inicio e incluso el acento tendría que ser prosódico, en los documentos no hay datos de escritura, sino solo figuras que demuestran un trabajo similar a las pinturas rupestres.
Los lingüistas, historiadores, sociólogos y hasta religiosos, no saben a ciencia cierta cómo se fue perdiendo esas lenguas, si nos adentramos a la historia, se dice que la Malinche, aprendió el castellano, pero los extranjeros aprendieron la lengua local, lo mismo en Chiapas para que ellos deseosos de comunicarse, aprendieron nuestras lenguas y así se hablaba, según sus propios documentos.
La mezcla de ambos, dio un segundo paso se dice, para la desaparición de lo nuestro, antes los españoles y esclavos que le acompañaban, al no entender, decían a su estilo, a veces con acento otras sin ella, incluso lo acoplaban para así poder decirlas.
Hoy, se ha hecho un esfuerzo por mantener vivas esas lenguas, que muchos confunden con dialectos, en realidad la dialectal es la expresión de una palabra o frase, es el cómo se dice y se expresa, nunca una lengua como tal, por lo tanto el zoque, chol, tzotzil, tzeltal, son lenguas, no dialectos, como otras regadas en todo el país.
El celebrar el día de las lenguas maternas, quizá suene irónico, porque cada vez se van perdiendo, pareciera celebrar o festejar su agonía entre los mexicanos, dando paso a tecnicismos que también confunden el español que se trajo y que hoy se mal interpreta, por el desconocimiento de su significado.
Solo dos ejemplos rápidos, dicen que el hombre es virgen, cuando científicamente eso es imposible, es en realidad casto; también se dice ahora te lo prometo, a algo que ya ocurrió en vez de decir te lo aseguro; esos estilos de lenguaje, más allá de la distorsión, está generando un problema lingüístico terrible.
No así el spanglish, finalmente es entendible porque en la zona Norte se es parte de ello, la convivencia entre vecinos y el trabajo orilla a hablar así, sin que se trastoque realmente el significado de cada palabra que tiene una razón de ser y que no es inventada al vapor por una idea alocada de alguien por ahí.

Muerte

“Desgraciado quien no haya amado más que cuerpos, formas y apariencias. La muerte le arrebatará todo; procura amar las almas y un día las volverás a encontrar”, cita Víctor Hugo. En efecto, el que solo ama y desea lo físico, muestra su pobreza y ello lo envuelve quizá en una persona asesina.
La muerte de una mujer, no tiene por qué verse como un logro, triunfo o satisfacción; venga de quien venga, no son solamente los hombres, también son mujeres quienes arrebatan la vida a otra, por celos, por dinero, por saber más; aquí no tiene que ser un pleito entre géneros, sino una coincidencia de valorar la vida por ambos.
Cuando se acusa a un hombre, se hiere a una mujer; cuantas de ellas sufren en realidad al ver que su hijo es culpable de una muerte, cuantos asesinos hoy claman por su madre a pesar de su delito, entonces no es un problema de género, sino de valores, educación, cultura, de sentido a favor de la vida.
Matar a una mujer, es matar también al ser humano, sin importar de que género sea, así como el caso último de feminicidio, también hay que recuperar la memoria de aquel 22 de diciembre en Acteal, cuando paramilitares asesinaron a una mujer embarazada, sacada de la cueva y llevada al molino a unos pocos metros, ahí le abrieron el vientre para asesinar a su hijo.
Recordar según palabras de Solalinde, que los de Ayotzinapa fueron expuestos a ácido para desaparecerlos, como dejar en el olvido las mujeres también del halconazo del 71 y antes en el 68, las mujeres migrantes, los niños robados a sus madres, todo es dolor y muerte en vida también.
Donde está la Iglesia católica, los pastores cristianos y evangélicos, donde están los maestros, que son pilares de la educación y la moral, del espiritualismo; son ellos el cimiento para que las familias tengan lo justo para comportarse dentro de su propia norma y ética, el gobierno complementa en acciones fuera de la ley.
Las marchas y pintas no solucionan, pero el emprender con información desde el hogar, será el paso fundamental para la transformación del pueblo, la familia es el núcleo de la sociedad; es momento de iniciar y fuerte, donde los diputados no legislen al vapor con leyes que condenen a 50 o más años a un asesino, porque eso no impedirá a que se siga cometiendo el delito.
Matar es lo mismo a un hombre que una mujer, porque es vida, aberrante es el asesinato de un hombre o mujer bebe, indígena, campesino, estudiante, periodista, ama de casa, migrante, o lo que sea, la vida, lo es todo.

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