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Qué más pué… / Carlos Coutiño

Qué más pué… / Carlos Coutiño

Elección de las elecciones

El panorama que se veía venir a favor de las mujeres ha tenido un tajante cambio, y es que hay que entender que la idea de la paridad de género es hacer que haya un número par en cuanto a candidatos y victorias, pero eso es utópico si se ve que la democracia no ve género ni raza.
En Chiapas, no es un asunto de cultura partidista, sino ideológica; los ciudadanos no ven bien o mal que los gobierne una mujer, sino quién sabe convencer, sea por la expresión misma de la palabra o por dinero, como generalmente se acostumbra en casi todo el país para ganar un proceso electoral.
Es falso que se diga que las mujeres no han tenido el lugar que les corresponde, al grado de que las mujeres en la entidad han hecho un trabajo ejemplar, habrá de citar la primera mujer que ganó una presidencia municipal de nombre América Pinto del municipio de Ocosingo en el siglo pasado y a Florinda Lazos León, la primera diputada local.
En el libro de Bernal Díaz del Castillo, éste asegura que los indios Chiapa eran gobernados por una mujer. Desde entonces ellas han hecho mucho y dado de sí para un mejor porvenir de sus comunas, votadas y elegidas por hombres.
El hecho que ahora en este 2021 no haya tanta participación de mujeres no es que sea machismo ni violencia política es que ellas no quieren y las que quieren no son del “gusto” ciudadano, por eso mismo no habrá suficientes triunfos de ellas.
La paridad de género no debe ser una cuota de espacios, sino una oportunidad para todos, donde se vea a ellas como a ellos, desde el terreno indígena, campesino; que veamos en los legisladores a médicos, ingenieros, políticos, agrónomos, periodistas, maestros, ocupando las curules para asumir también las comisiones que ellos saben acorde a sus estudios y experiencia, sin que se tenga que improvisar ni sacar de la manga ideas que no son útiles.
Lo mismo en las presidencias municipales, que sean personas que conozcan el lugar, que tengan idea y destreza para el manejo de la administración pública y la planeación; entonces se podrá caminar rumbo a un cambio radical a favor de la sociedad.
De nada sirve que se presten para enriquecer a los dueños de los partidos políticos, que no siempre les importa ganar una elección, sino que ese candidato les dé un número importante de votos, para que se convierta posteriormente en prerrogativas que podrá disfrutar el dueño del partido político en turno.
Por eso hoy quienes siguen presentándose son los hombres para seguir ocupando los cargos, mientras que las mujeres son las que están saliendo a decir sí por ellos; las esposas que también opinan que no quieren gobernar, sino sus maridos de quien sienten orgullosas de que encabece una candidatura.
Mientras se engaña y se despedazan diciendo que es necesario la paridad, la realidad es otra, porque hablar de ello implica entender mal su significado. La paridad es que todos tengan la oportunidad, pero sobre todo la opción de decidir si quieren o no, nada tiene que ser a la fuerza, nada que enturbie el proceso electoral.

Parachicos

Chiapa de Corzo, el pueblo que le da nombre al estado, que se enorgullece de sus costumbres. Católicos y protestantes que se mezclan para una sola acción de culturización. Hoy ante un virus que afecta al mundo, dejando muerte, dolor y crisis económica, en este pueblo no ha sido capaz de acallar las voces y gritos de alegría por su fiesta.
Se respetará los protocolos, pero el sonido del tambor y el carrizo ya se escucha, los cuetes y la alegría a través de la marimba en casa. No se podrá salir por las calles, pero sí desde casa se hará el mismo proceso ritual transformado por la pandemia; habrá fiesta en casa, no en el pueblo como tal.
El virus no fue capaz de apagar la fuerza de esta tradición; algunos por el solo gusto y otros motivados por la fe. Se tiene todo listo. A partir de las 9 de la mañana de este 15 de enero se escuchará con más fuerza el sonido del tambor, carrizo y los chinchines.
Como cada año, las madres llorarán en la iglesia porque sus esposos ya no están con ellos, pero que fueron grandes Parachicos; hoy lo harán desde el oratorio. No faltará quien se reúna con otra familia y juntos dancen. No habrá peligro, pues el traje es una verdadera armadura de 3 kilos o más.
En otros años un solo tambor recorría el pueblo o parte del pueblo como la cabecera municipal conformado por sus barrios y solo se escuchaba en el lugar donde se encontraba en ese momento. Hoy se escuchará en todas partes, de manera quizá unísona, pero con una alegría llena de tristeza o una tristeza llena de alegría.
Los Parachicos no son producto de esa leyenda de María de Angulo, tampoco lo son del catolicismo, ni eran errantes, ni usaban estos trajes ahora estilizados. Aunque se pierde la originalidad, valió la pena; de contrario, éstos ya no formarían parte de nuestras tradiciones.
Los Parachicos no son sólo de Chiapa de Corzo, lo son de Chiapas, pero también lograron conquistar otros corazones y están presentes de manera minúscula en Estados Unidos y se dice sin tener conocimiento real que en Europa y Asia, pues se han llevado los trajes y participan en estas fechas en sus propios pueblos.
Chiapa en verdad es un gran pueblo, tan grande que la costumbre del danzar llega a las venas, al corazón, a las lágrimas, a la felicidad. La fiesta de los Parachicos es más importante que cualquier otra fecha, aunque se tiene que reconocer que la mano del gobierno en todo momento ha hecho que estas tradiciones vayan muriendo diariamente.

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