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Ser migrante en su propia tierra / Sandra de los Santos

Ser migrante en su propia tierra / Sandra de los Santos

La primera vez que viaje a la Ciudad de México en avión tenía unos 18 años. Iba con mi cabello –rizado- suelto, quienes me conocen físicamente se imaginarán mejor la escena. Iba acompañada de Valeria Valencia, amiga periodista.

Todas las personas que viajaban en el vuelo pasaron las revisiones sin problema. Desde que hacía fila uno de los elementos de seguridad del aeropuerto no me quitaba la vista de encima, veía con gran fijación mi pelo. Cuando me tocó revisión el tipo se enfocó a mi cabeza, el colmo es que metió la mano en mi cabello para revisar sino traía algo.  Aun cerciorándose de que no había nada entre mis “colochos” no me quitó la vista hasta que abordamos el avión.

La anécdota la he contado varias veces y muchas de ellas de manera divertida. Con Valeria Valencia nos reímos mucho de ello durante el vuelo tal vez porque en ese momento no logramos a dimensionar el grado de discriminación que hubo en la acción.

Años después me pasó lo mismo en el aeropuerto de Toluca de una manera más agresiva. Un hombre de migración me detuvo, me preguntó a dónde iba, con quién viajaba, un sinfín de cuestionamientos que a nadie más hizo todo eso viéndome fijamente la cabeza.

Por mucho tiempo me sujetaba el pelo cada vez que iba a viajar sobre todo a los lugares que sabía que había retenes migratorios, lo he dejado de hacer, y ahora, enfrentó la situación de manera distinta. Aunque nunca me ha abandonado el temor de terminar en Honduras.

Las veces que me ha tocado cubrir como reportera el tema migratorio me han confundido con migrante. A ninguno de mis compañeros o compañeras cuestionan tanto como a mí…viajo con mi pasaporte dentro de México. Estoy segura que las personas blancas, con el cabello lacio u otro tipo de facciones ni siquiera piensan cuando viajan en territorio nacional la posibilidad de que puedan ser detenidos por agentes de migración.

Buena parte de lo que comento acá ya lo había expuesto antes cuando en el 2016 el artista y activista Saúl Kak denunció haber sido acosado  en el aeropuerto Ángel Albino Corzo  por sus rasgos indígenas.

Lo que les cuento no es solo anecdótico, no es algo que solo nos haya sucedido a Saúl Kak o a mí, y lo que es peor que se haya quedado en una cuestión de acoso. Tres indígenas tseltales en el 2015 fueron retenidos en una estación migratoria porque según los agentes eran originarios de Guatemala.

Los hermanos –de entre 15 y 24 años– viajaban en un autobús de trabajadores agrícolas de temporada en Querétaro, en el centro de México, cuando fueron detenidos por agentes que los eligieron por sus rasgos físicos, su vestimenta y su limitado español.

Los agentes los acusaron de ser inmigrantes indocumentados procedentes de  Guatemala, aunque eran indígenas.

Las jóvenes y su hermano fueron llevados a un centro de detención y retenidos de forma ilegal durante ocho días. El joven, que en ese momento tenía 18 años, fue golpeado y recibió descargas eléctricas hasta que aceptó firmar un documento de deportación escrito en español en el que admitía que eran guatemaltecos, a pesar de que no sabía leer ni escribir.

Tras analizar el caso, la Suprema Corte determinó que las reformas migratorias de 2011 que permiten que los agentes detengan y registren a cualquier persona en cualquier lugar de México son inconstitucionales, debido a que los poderes discrecionales dependen de que los agentes identifiquen a los migrantes indocumentados con base en su raza, color de piel, apariencia física e idioma que hablan.

Por lo tanto, la ley es discriminatoria y viola la legislación sobre igualdad y el derecho a circular libremente por México.

La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que el procedimiento de revisión migratoria previsto en la Ley de la materia es inconstitucional por ser contrario a los derechos de libre circulación y tránsito dentro del territorio nacional, así como a los de igualdad y no discriminación, debido a que es sobreinclusivo al no distinguir entre personas nacionales y extranjeras, además de generar impactos diferenciados en comunidades indígenas y afromexicanas.

Esto es altamente significativo, pero aún las autoridades no se han manifestado sobre el fallo de la Corte ni tampoco han aclarado cómo van a operar a partir de ahora las estaciones de control migratorio.

Nuestros rasgos físicos nos recuerdan quiénes somos y de dónde venimos. Nos dan identidad, nos dicen que somos una mezcla maravillosa de razas sobrevivientes. Que este mundo tan occidentalizado no nos diga cómo ser físicamente.

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