¿Tras su muerte, se continúa con su legado? La historia de Luciano Vázquez Pérez en Copainalá

Más allá del recuerdo, la huella de Luciano Vázquez Pérez permanece en la cultura zoque, en la vida cotidiana de Copainalá y en quienes mantienen vivas sus raíces

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

En el Pueblo Mágico de Copainalá, en la región Zoque de Chiapas, hablar de identidad cultural es, inevitablemente, hablar de Luciano Vázquez Pérez. Profesor de profesión y promotor cultural por convicción, su vida estuvo marcada por un profundo compromiso con las raíces de su tierra, esas que no siempre son visibles para quienes visitan, pero que sostienen el sentido de pertenencia de toda una comunidad.

Durante años, Luciano dedicó su esfuerzo a preservar las tradiciones zoques desde distintos frentes. Como presidente del Comité de Cultura “Raíces de mi Pueblo”, impulsó la difusión de las expresiones dancísticas, gastronómicas y sociales de Copainalá, llevándolas más allá del ámbito local. Su trabajo no se limitó a la gestión cultural: fue, sobre todo, una labor constante de transmisión, de compartir lo propio con orgullo y sin reservas.

Uno de los espacios donde ese legado tomó forma tangible fue el restaurante El Bambú, fundado en 1974. Más que un lugar para comer, se convirtió en un punto de encuentro con la gastronomía zoque. Entre sus mesas se han servido platillos como el pimbu, la tzata, la carne adobada de res o los tradicionales huevos con chichón, recetas que sobreviven gracias a la memoria y al cuidado de quienes entienden su valor.

Sin embargo, el verdadero reconocimiento que Luciano valoraba no provenía de las distinciones oficiales, sino del cariño de su gente. Historias como la de Rubiel Santos, quien recuerda haber sido invitado a comer cuando era niño mientras trabajaba lustrando zapatos en el centro, reflejan una faceta menos visible pero profundamente significativa: la del hombre solidario, cercano y generoso.

Hoy, su historia plantea una pregunta inevitable: ¿tras su muerte, se continúa con su legado? La respuesta no está escrita, pero se construye día a día en las cocinas donde aún se preparan recetas tradicionales, en las danzas que siguen ejecutándose en las festividades y en las nuevas generaciones que deciden mirar hacia sus raíces.

Visitar Copainalá es, en ese sentido, una experiencia que va más allá del paisaje. Sitios como Tres Picos o Zacalapa, conocidos por su producción histórica de pimienta, complementan un recorrido donde la naturaleza y la cultura conviven. Pero es en espacios como “El Bambú”, y en la memoria colectiva de su gente, donde se entiende que el verdadero atractivo turístico también está en las historias que se heredan.

El legado del maestro Luciano no solo se recuerda: se vive. Y en cada gesto cotidiano que honra su trabajo, Copainalá responde, sin decirlo, a la pregunta que dejó en el aire.

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