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Tuxtla, una ciudad de flores

Tuxtla, una ciudad de flores

Durante cinco meses al año, la capital chiapaneca se torna en un espectáculo de colores, donde los árboles florales son las estrellas principales

Sandra de los Santos / Lucero Natarén / Marco Aquino / Ana Liz Leyte

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La primavera en Tuxtla Gutiérrez no empieza a finales de marzo, se da en plena temporada invernal. En época de seca es que la ciudad se convierte en un espectáculo florido.

Los árboles de matilisguate abren la temporada con sus flores moradas que se pueden ver desde lejos en cualquier parte de la ciudad. De ahí vienen los de sospó, que son tan bellos como efímeros, su floración es solo de unas seis a ocho semanas y se da entre febrero y marzo.

También al mismo tiempo aparecen los árboles de cupapé, que a veces pasan inadvertidos porque son algo tímidos, pero de una belleza sin igual, además, de que con su fruto se hace uno de los dulces más tradicionales y deliciosos de Tuxtla.

Cada vez menos, pero insistentes están los árboles de cuchunuc, y de los que se preparan unos tamales horneados que son representativos de la gastronomía zoque. Los que tardan casi toda la temporada son los  de flor de mayo, que según documentó Faustino Miranda se hacía también en dulce.

Los árboles de primavera son los más llamativos porque pintan la ciudad de amarillo. Su presencia empieza desde inicios del año y llega hasta abril.

Todos estos árboles son nativos de Tuxtla, eso no quiere decir que no existan en otros lugares. Pero, acá se dan en todo su esplendor, crecen con facilidad en este clima caluroso. Se dan en tiempo de seca y se van cuando empieza la lluvia.

Los árboles de flamboyant, que son exóticos, son los que cierran la temporada en el mes de mayo y llegan hasta junio.

Durante cinco meses, Tuxtla se convierte en un espectáculo florido. Pasa del morado del matilisguate y cuchunuc, al rosa mexicano del sospó, a los colores caprichosos de la flor de mayo que a veces es blanca y luego se pinta también de rosada, el amarillo de los árboles de primavera y el color naranja del cupapé y el flamboyant.

Roberto Ramos Maza, geógrafo, historiador y un conocedor de todo lo que tiene que ver con Tuxtla  es quien da todo este recorrido de las flores de la ciudad.

Dice que Tuxtla no es la única ciudad en el país que tiene árboles florales, pero sin duda es una de las que tiene mayor variedad de especies.

A pesar que nunca ha existido una política pública o una intención social de reforestación en la ciudad, estos árboles son tan nobles y resistentes que han luchado por cuenta propia contra el pavimento, los postes de luz y la saña con la que muchas veces son podados.

Roberto Ramos Maza considera que las y los Tuxtlecos tienen una relación “extraña” con los árboles floridos de la ciudad. Porque les encanta cuando florean, pero no les gusta cuidarlos el resto del año.

La ciudad florida prehispánica

Tuxtla Gutiérrez a diferencia de otras ciudades del propio estado fue un lugar  habitado desde la época prehispánica. Roberto Ramos Maza considera que  esta floración no pasó inadvertida en aquella época, muestra de ello es el uso de las flores en los rituales que aún se conservan, aunque algunos de ellos ya modificados.

En la capital del estado se sigue usando el somé, los joyonaques, las ensartas de flor de mayo, que son elementos de ofrenda realizados con flores.

En la catedral de San Marcos, cuando fue su restauración, se encontraron pinturas de la flor de mayo y de sospó pintadas en los muros. Aunque son más recientes da cuenta cómo de manera permanente estas flores han estado presente en la cotidianidad de la ciudad.

También hay platillos típicos zoques que se realizan con los árboles que florean en esta temporada  como el dulce de cupapé y  los tamales horneados de cuchunuc.

El gozo de la observación de las flores

Hay un sinfín de buenas razones por las cuales siempre valdrá la pena conservar los árboles y reforestar; pero si aún falta un argumento es que hay un gran gozo en la observación de las flores, en que sea parte del paisaje.

Roberto Ramos Maza lamenta que no haya existido hasta ahora una política pública o acción social funcional para hacer florecer aún más la ciudad. Han existido intentos, pero han fallado, como el bosque de las primaveras en la zona oriente, que desapareció con la construcción de los hospitales y la plaza ámbar. Ni siquiera lograron crecer.

El parque central, que hace unas décadas, tenía varias áreas arboladas y un jardín, ahora, es una gran plancha de concreto.“Habría que reforestar ese parque y hacerlo un gran jardín, en la época de floración sería muy simbólico, de vez de una gran plancha caliente, sería un espacio de gozo, existiría una gran identificación positiva con el lugar” dice el geógrafo, quien también habla de la importancia de los paisajes.

Pero, no solo las autoridades tendrían algo que hacer en este tema, también la ciudadanía, que a la primera provocación o molestia tira los árboles o masacra los árboles podándolos hasta casi desaparecerlos. “Deben de entender que las hojas de los árboles no es basura, que hay que conservar las áreas de jardín que hay en las casas porque lo primero que hacen es echarle concreto”.

Roberto Ramos Maza es un convencido que la construcción de la ciudad se debe adaptar al ambiente y no a la inversa. De alguna forma hay que agradecer a esos árboles que resisten, que florean cada año muchas veces a pesar de nosotros.

Oasis forestales en la jungla asfáltica tuxtleca

Chiapas posee una riqueza cultural y gastronómica extensa, sin embargo, quizá el sello más característico del estado sea el color verde de sus plantas y árboles.

Tuxtla Gutiérrez, la capital chiapaneca, pese a ser una gran urbe, guarda, entre sus colonias y calles, oasis forestales, acervos biológicos que poseen árboles propios de los bosques, montañas y cañadas de la entidad, tal como se describe en el libro Los diversos y floridos árboles de los parques de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, de los autores Montserrat Gispert Cruells, Hugo Rodríguez González y Alma Rosa González Esquinca.

Los escritores describen y quizá con mucha razón que “la fuerza de la costumbre y el paso de lo cotidiano hace que los habitantes vean a los árboles como parte del espacio recreativo, pero sin subrayar la importancia de las especies y de la riqueza que distingue a la entidad”.

Pese a la poca o nula consciencia de la riqueza que da sombra y color a los diferentes espacios recreativos, lo cierto es que “los árboles dan cabida a diferentes nichos ecológicos”, donde las aves encuentran descanso, comida en los frutos, espacios en sus ramas para anidar, además de que las raíces de los árboles evitan la erosión del suelo, facilitando la filtración del agua hacia el subsuelo, refieren.

Volviendo a los parques, estos santuarios arbóreos tienen una peculiaridad, la prevalencia de especies nativas, ya que, según Gispert, Rodríguez y Gonzáles, de las 98 especies que catalogaron en estos sitios, 74.77 por ciento son del continente americano y México, mientras que el 25.23 por ciento restante son árboles introducidos de otros continentes.

En Tuxtla Gutiérrez existen al menos cuatro parques que resguardan en sus terrenos una pequeña fracción de la inmensa riqueza floral de Chiapas: el Parque de la Marimba, el Joyyo Mayu, el Parque del Oriente y el Centro de Convivencia Infantil.

Parque de la Marimba. Instituido como tal en 1993 guarda entre otros árboles el “hormiguillo” o “palo marimba”.

Parque Joyyo Mayu. Consta de nueve hectáreas distribuidas en el margen del río Sabinal o Quitzinbak, donde moran antiguos quitzincui (sabinos). Fue fundado en 1992, fecha desde que se inició la siembra de ceibas, palmas reales, flamboyanes, además de diversos árboles frutales. Este jardín incluso tiene un lago artificial donde garzas, cigüeñas y patos migratorios descansan y conviven con las aves que viven ahí todo el año.

Parque del Oriente. En octubre de 1992 nació a partir de la expropiación de 15 hectáreas de terreno perteneciente a un “rancho”. Las diversas plantas ya existentes se conservaron, sumándose árboles ornamentales nativos de México, de América y otros continentes.

Centro de Convivencia Infantil. Casi 25 hectáreas pertenecientes a la finca refugio El Platanar fueron convertidas en este parque el 26 de abril de 1908. En él conviven árboles maderables y frutales como el mango, el chicozapote, el zapote negro y el nanche. Sin lugar a dudas, Tuxtla posee una gran riqueza en su jungla asfáltica.

Primavera en invierno

Como cada año, la primavera en Tuxtla Gutiérrez se ha adelantado y con ello, las calles de la ciudad comienzan a florecer y dejar a su paso un peculiar color amarillo que deslumbra y pinta toda la avenida central y sus alrededores.

Son diversas las especies que florecen en la capital del estado y que ofrecen a la población -además de un agradable aspecto-, sombra para descansar en días de altas temperaturas y su gran variedad frutal.

Los árboles que se encargan de adornar la vía pública son los Árboles de Primavera, esos mismos que durante años han cautivado a la ciudadanía que camina –principalmente- por la avenida central, pero también están los árboles de Matilisguate, esos que se caracterizan por su peculiar color lila y que esparcen sus hojas en el pavimento.

También se encuentran el Cedro y Coabilla, mismas que son especies forestales regionales aptas para plantar en la zona urbana de Tuxtla Gutiérrez.

Mientras que los árboles frutales que predominan en la capital son; el árbol de Nance, Cupapé, Chicozapote, así como los árboles de Mango y Limón, estos últimos focalizados en parques públicos y de los cuales, la población puede adquirir sus cosechas.

Pero también existen especies ornamentales, los cuales son utilizados para fines decorativos por sus características estéticas, como las flores, hojas o perfume, estos son; Candox, Malinche, Flor de Mayo y el Sospó.

“Estas son las más representativas que se pueden utilizar para efectos de algún proceso de plantación o reforestación o si tenemos un espacio en casa, poder utilizarlo”, explicó Aurelio Cruz Ovando, Secretario de Medio Ambiente y Movilidad Urbana de Tuxtla Gutiérrez.

Adopta un árbol y velo crecer

Para seguir viendo una Tuxtla colorida o poder seguir disfrutando de los sabores que cada árbol frutal proporciona, es importante que toda la ciudadanía contribuya a mantener y cuidar las especies ya existentes, o bien, apoyar a la reforestación.

El Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, a través de la dirección de Medio Ambiente lleva a cabo la campaña Adopta un árbol y velo crecer, en donde especialistas ayudan e informan a la población que desea plantar un árbol fuera de sus hogares.

Con este programa se oriente qué especie es la idónea para cada espacio, debido a que no toda la ciudad tiene las mismas condiciones.

“Puedan verificar el espacio en donde se puede plantar un árbol, qué condiciones va a tener, si hay una tubería de agua, red de drenaje, registro eléctrico, cableado aéreo, cercanía con luminaria, un poste o un muro, todos estos elementos vamos analizándolos”.

Por ello, la Secretaría de Medio Ambiente y Movilidad Urbana recomienda a la población, que antes de plantar un árbol se informen sobre su idoneidad para que a la larga, un árbol no deba ser derribado debido a las condiciones desfavorables que pudiera ocasionar.

 

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