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Vivir con 200 pesos al día

Vivir con 200 pesos al día

La inflación se siente todos los días al no poder comprar lo necesario para sostener a una familia

Sandra de los Santos / Aquínoticias

Es domingo por la mañana y Eloisa aprovecha el único día que tiene libre en la semana para ir al mercado y comprar todo lo que necesita en la semana. “Todo ha subido” me dice y no hay necesidad de que lo diga porque hasta la persona, más alejada del tema de la inflación, percibe el incremento de todos los productos.

Eloisa tiene 38 años de edad. Tiene dos hijos, uno de 17 años que estudia la preparatoria, y otro de 14 que va en la secundaria. Vive en una colonia popular al poniente de Tuxtla Gutiérrez. Hace dos años se separó del padre de sus hijos porque sufría violencia. Es trabajadora del hogar y gana por jornada 200 pesos.

“Trabajo en diferentes casas de lunes a sábado, y si me necesitan el domingo también lo trabajo porque no me alcanza. Hay veces que puedo hacer dos turnos, voy a una casa en la mañana y otra en la tarde”.

Aunque me explica que a veces hace dobles jornadas laborales, que sus hijos también trabajan de manera eventual, y que el papá de sus hijos a veces le da 500 pesos a la quincena, las cuentas no me salen.

Ha comprado un pollo completo que en total le salió 163 pesos. El kilógramo está en 68 pesos. En la carnicería compró 85 pesos de espinazo de puerco y preguntó por el kilo de carne de res y cuando le dijeron que estaba en 180 pesos, solo me volteó a ver, y me dijo: “ya está muy caro”. No compró. El pollo y la carne de puerco será toda la proteína que comerán ella y sus dos hijos durante los próximos 10 días.

En el negocio de frutas y verduras pregunta por casi todo: 22 pesos el kilógramo de tomate, 42 pesos el kilo de cebolla mediana, 38 pesos el kilo de papa y cinco pesos la pieza de chayote. También pregunta por el aguacate: 80 pesos. Imposible. Es casi la mitad de lo que gana en un día.

Pierdo de vista lo que compra porque me centro en anotar los precios, debo de confesar que no sabía cuánto estaba antes y la diferencia que existe, pero Eloisa se lo sabe bien. Me dice que la papa y la cebolla van en aumento y el chayote va bajando. Pasa a la tortillería y compra dos kilos: 44 pesos más a la cuenta.

Eloisa es estratégica para comprar, se las ingenia, cuando se vive al día no queda de otra. Compra lo que está más barato y es de temporada: rambután, tunas y guineos de frutas porque es lo más económico. Solo por el antojo se compra una bolsa de unas 20 uvas que le sale 25 pesos.

Pasa al minisúper de la colonia y se lleva un cono de huevos, un frasco pequeño de Nescafé, dos kilos de azúcar, un kilo de detergente, dos litros de cloro, un jabón de pasta y un jabón líquido para lavar trastes.

Cuando salimos de la tienda, me enseña su monedero, le quedan como 30 pesos. Se gastó cerca de mil 200 pesos. Más de lo que gana en la semana. Dice que con lo que lleva le alcanza para 10 días.

Las cuentas no me cuadran. Lo que gana a la semana son, precisamente, mil 200 pesos. Pero a lo de los alimentos hay que sumarle pasajes, renta, agua y luz. “Vivimos al día” me dice, y no me queda dudas de ello.

Completa el gasto con lo que hace de las dobles jornadas, lo que contribuyen sus hijos a la casa porque ellos de manera eventual son jornaleros. “Con lo que me da su papá no cuento porque a veces me da los 500 pesos a la quincena, y a veces no, y cuando me los da me quiere hacer cuentas”.

Eloisa dice que sus hijos le salieron buenos. Van bien en la escuela, contribuyen a la casa tanto económicamente y se encargan de hacer todas las labores domésticas porque a ella no le daría la vida para tanto. “Ellos hacen la comida, el oficio, lavan la ropa, hacen todo porque yo no podría”.

Como trabajadora del hogar no tiene ningún tipo de seguridad social o prestación. Cuando ella o sus hijos se enferman acuden con el médico de la farmacia. “Le tenemos fe”. No queda de otra.

El 97 por ciento de las mujeres que se dedican a esta labor lo hacen en condiciones de informalidad según la  Organización de las Naciones Unidas (ONU) Mujeres. Esto implica que las trabajadoras no tienen derechos declarados y se enfrentan a la precarización.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México existen más de 2.2 millones de personas empleadas del hogar, de las cuales el 89 por ciento son mujeres: 1.94 millones.

No tengo dudas que la mujer con la que camino, quien carga una morraleta, es echada para adelante, inteligente y alegre. Me cuenta que a sus hijos le gustan las matemáticas, que van bien en la escuela y sé que la habilidad se la sacaron a ella. Hace cuentas como una calculadora. Aún con todas sus habilidades ha vivido precarizada y su situación no se vislumbra mejor en un futuro cercano, por el contrario, la inflación la está poniendo a ella y su familia en una condición más de vulnerabilidad porque es imposible vivir con 200 pesos al día.

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