Cdigo Nucú / Cesar Trujillo

No bajar la guardia

Si algo debió enseñarnos el 2020 es no bajar la guardia.
Lo sabemos porque muchos perdimos a alguien a quien amábamos o conocíamos. Lo sabemos porque en la cena de Nochebuena y la de Año Nuevo un espacio en la mesa estuvo vacío, una copa quedó con las burbujas del vino espumoso para el brindis y 12 uvas mantuvieron bajo su piel los deseos.
Esas ausencias nos recordaron lo efímera que es la vida y lo rápido que pasa todo.
A mí, la contingencia me enseñó a no postergar un café o una charla, y a dar prioridad a la familia por sobre el trabajo. También aprendí a mantener a mis amigos cerca, al menos en los mensajes y llamadas, y de vez en cuando, con ciertas medidas, una conversación en persona.
Les cuento que en casa perdimos a la abuela. No fue la Covid la culpable, pero se fue de todos modos. Se la llevaron el cansancio y la tristeza, la premura por volver a abrazar a su nieto (Lonchito), a su hijo (tío Migue) y a su hermana (tía Nati).
Lo único bueno es que no le tocó ver esto de la pandemia. No le tocó negar el abrazo ni el beso en la mejilla, tampoco el acceso a la casa de los conocidos. Del encierro no hablo porque llevaba ya un rato en reposo, pero aún así no hubiese comprendido este aislamiento que le hubiese impedido, en sus mejores días, dar la vuelta al parque de Los Once en la silla de ruedas.
Tras ella también se fueron algunos amigos. Dos mientras yo transitaba los 17 días que me guardé en el cuarto por la Covid y que nunca supe cómo se alojó en mí, y que me demostró lo terrible de su fuerza y la delgada línea que me hizo pensar en la muerte. Fui afortunado.
Por ello, y en la amenaza de un rebrote que parece correr con más fuerza por todos lados, no podemos confiarnos. No podemos permitir que esto pase porque el aprendizaje debió ser significativo para todos.
A estas alturas debemos entender que guardar la distancia, utilizar cubrebocas y alcohol en gel, lavarse las manos constantemente y evitar aglomeraciones, es parte fundamental para evitar más contagios y para proteger a quienes viven con nosotros.
Y ojo que no hablo de quedarse en casa que es, a todas luces, un privilegio para pocas familias en uno de los estados más pobres del país y donde un gran porcentaje vive en la informalidad. Sin embargo, hay una responsabilidad compartida que debemos hacer valer porque no todo es culpa del gobierno, como muchos señalan en redes sociales. A nosotros también nos corresponde una parte de ese todo.
Por ejemplo, no hay razón para fiestas y reuniones donde el descontrol termina sobreponiéndose a las buenas voluntades de mantener un orden o las recomendaciones de las autoridades de salud. No hay razón para creer que no pasa nada si nos perdemos horas en la parranda o los jolgorios. No en estos tiempos. No ahora.
Cierto es que Chiapas se encuentra aún en semáforo verde. Pero es cierto también que eso no es un indicador para andar como si la pandemia se hubiese terminado o el riesgo de contagios estuviera detenido. Por el contrario, van subiendo de nuevo.
No bajar la guardia implica salir para lo indispensable, sobre todo cuando vemos que uno a uno los contagios empiezan a sumar nombres, y que vuelven a aparecer las personas conocidas y amigos que luchan por su vida o que ya perdieron la batalla, y que no podemos creer que se así de botepronto nos enteremos.
Porque entendemos que quien debe salir a trabajar lo hace por necesidad, pues en sus hombros recae la responsabilidad de llevar un plato de comida para el hogar. Digo, en este país donde la pobreza crece y crece no hay de otra.
Mas, hay también un grueso poblacional irresponsable. Sí, lo hay.
Es ahí donde se erige el problema y se siembra la semilla del caos que podría regresarnos a otra crisis de la misma magnitud o una mayor. No aprendemos, caray.
Parece que ya olvidamos las largas filas de personas para llenar tanques de oxígeno, de los días en que nuestros muros de las redes sociales se llenaban de solicitudes para conseguir medicamentos, o con obituarios o peticiones para orar por algún conocido o familiar que estaba luchando por su vida, o que había partido sin el chance del ritual de despedida.
Sí, muchos se fueron y no pudimos verlos ni llorar su partida en el velorio, como nos acostumbraron los abuelos.
Por eso hoy está en nuestras manos entender que la pandemia no se irá en unos meses más, como algunos dicen. Que estamos ante la presencia de un huésped incómodo e iracundo que llegó para quedarse y que nos exige una readaptación de nuestras formas de vivir y convivir con los otros, esas formas deshumanizadas y faltas de solidaridad y empatía que me gustaría terminaran.
Al igual que ustedes, extraño abrazar a mis amigos, saludarlos de mano firme y carcajearme de aquellas aventuras que fueron y serán. Extraño apapachar a mis amigas y besarnos en la mejilla como muestra de cariño.
Extraño estar en los cafés rodeado de mis camaradas y colegas con los que discutimos de la realidad, hablamos de política, cultura y debatimos sobre el modo en que cada uno de nosotros concibe lo que pasa.
Pero por ahora toca extremar cuidados. Ya habrá mejores tiempos.
Hoy toca seguir cuidándonos para así cuidar a los otros, a los que nos esperan en casa y sobre todo para frenar los contagios que parecen estar asomando nuevamente el rostro.
Nos toca no bajar la guardia para seguir disfrutando la vida. Bendiciones a todos.

#Manjar Desde el 30 de diciembre no pude comunicarme con mi familia en Yajalón. La señal en toda la zona Tulijá-Tseltal-Chol se fue. Ni el 31 pude desearles feliz año ni el día primero pudimos contarnos que seguíamos comiendo recalentado y viendo maratones de películas sin asomarnos a la calle. Fue hasta el sábado 2 de enero, pasada las dos de la tarde, que la señal se restableció. Afortunadamente todos están bien. Esa era la paz que me faltaba. La de saber que mamá, papá, mis sobrinas y mis hermanos están bien, que pese a lo complicado que han sido estos días, y el año que se fue, y pese a los altibajos en salud, no nos ha ido nada mal y acá seguimos, agradeciendo a la vida por todo. #enunpárrafo «Eres como la luz alta y delgada. / Como el viento eres clara sin saberlo. / Vacila tu actitud como la tarde / suavemente inclinada sobre el mundo. / Eres hecha de sueños olvidados / y te olvido de pronto, como a un sueño; / mi corazón te busca como el humo / busca la altura y hacia ella muere. / Como una tibia flor te lleva el día / prendida entre sus labios. Eres alta, / azul, delgada, y recta como un silbo. / Te recuerdo de pronto como a un sueño». Eduardo Carranza. #ElPoema // La recomendación de hoy: el libro Aquello estaba deseando ocurrir de Leonardo Padura y el disco We’re an American Band de Grand Funk Railroad. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor que hacer, póngase a leer.

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