Por Eugenio Fierro
La ciencia muestra que el ejercicio puede ayudar más de lo que muchos creen
Quienes han intentado dejar de fumar saben que no basta con “tener ganas”. Muchas veces el verdadero problema aparece después: en esos momentos donde surge el impulso casi automático de prender un cigarro. Después del café, en una pausa del trabajo, viendo fútbol o simplemente frente al estrés del día. Ahí es donde muchas personas recaen.
En los últimos años, el ejercicio físico ha comenzado a estudiarse como una herramienta para ayudar en ese proceso. Y aunque no es una solución mágica, la evidencia más reciente muestra que sí puede marcar una diferencia.
Un análisis que reunió 59 estudios con más de 9000 personas encontró que quienes incorporan ejercicio tienen más probabilidades de dejar de fumar que quienes no lo hacen. Los resultados muestran un 15% más de probabilidad de mantenerse sin fumar de forma continua y un 21% más de lograr dejarlo en la última semana. Además, las personas que hacen ejercicio reducen, en promedio, alrededor de dos cigarrillos por día.
Pero quizás lo más interesante ocurre en el corto plazo. Una sola sesión de ejercicio puede disminuir de forma inmediata las ganas intensas de fumar, con efectos que pueden durar hasta 30 minutos. Y eso es importante, porque muchas recaídas ocurren justamente en esos momentos críticos donde el impulso parece imposible de controlar.
En términos simples, moverse puede ayudar a “pasar la ola”. Salir a caminar, andar en bicicleta o realizar alguna actividad física no elimina la dependencia, pero sí puede reducir la intensidad de esas ganas justo cuando aparecen.
Ahora bien, también es importante entender los límites. El ejercicio ayuda, pero no reemplaza tratamientos ni garantiza dejar de fumar definitivamente. De hecho, los mismos investigadores señalan que sus efectos en el largo plazo son moderados. Es decir, funciona mejor como apoyo que como solución única.
Otro punto interesante es que no parece existir un “ejercicio perfecto”. Cuando se analizan distintos programas en conjunto, el ejercicio aeróbico muestra beneficios. Pero actividades específicas como caminar, correr o andar en bicicleta, por separado, no muestran diferencias claras. En otras palabras, el beneficio parece estar más relacionado con mantenerse activo que con una actividad puntual.
También se observó algo llamativo: mientras más intensa era la actividad física, mayor era la disminución de las ganas de fumar en el momento.
En un contexto donde muchas personas intentan dejar el cigarro una y otra vez, incorporar ejercicio puede transformarse en una herramienta concreta y accesible. No porque resuelva todo, sino porque puede ayudar justamente en el instante donde más cuesta sostener la decisión.
Eugenio Fierro es Preparador Físico “Egresado destacado del año 2021” (Santo Tomás, Rancagua, Chile) Conferencista del equipo High Fitness. Además, es Autor publicado en revista científica “Journal of movement & Health” https://doi.org/10.5027/jmh-Vol21-Issue2(2024)art198. Principalmente destaca en sus áreas de estudio el “entrenamiento en niños y adolescentes” y la Promoción y adherencia a la práctica de actividad física. Hace divulgación científica en redes sociales y en sus Podcast’s disponibles en Spotify Fitness Juvenil y Entrenamiento de Fitness Funcional. Autor del libro: High Fitness Kids








