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Inflación Global / Claudia Corichi

Inflación Global / Claudia Corichi

En los últimos días, la incertidumbre por la nueva variante del coronavirus, y la posible necesidad de volver al aislamiento ha depreciado el peso, entre otras monedas, y está frenando las esperanzas de recuperación y afectando los mercados mundiales. La inflación, definida por Banco de México como “el aumento sostenido y generalizado de los precios de los bienes y servicios de una economía a lo largo del tiempo”, es un fenómeno económico con fuertes consecuencias en la vida de las personas. En palabras llanas, los precios de todo suben, por lo que el poder de compra disminuye, es decir “no alcanza”. En este momento, la inflación está dejando cifras históricas por todo el mundo, la Eurozona sostiene alrededor de un 4.9% de inflación, pero algunos países europeos tienen efectos superiores, como Alemania que alcanzó el 5.2% y España que registró 5.6% de inflación.

El Índice Nacional de Precios al Consumidor, de INEGI registró en México 7.05% de inflación para la primera quincena de noviembre, lo que pinta una realidad muy diferente a la que se esperaba (con 5.4%), que se suma a la incertidumbre que generó el cambio de nominación de Gobernador del Banco de México, sin embargo, no debe ser considerada como la única causa. Para hacer la lectura de un tema complejo como este deben ponerse a consideración el contexto en el que ocurre.

Aún estamos en pandemia y en la preocupación por la variante ómicron, ubicada en varios países y con efectos de transmisibilidad y virulencia por estudiarse, se acerca la cuarta ola de contagios en el mundo. A ello hay que sumar el año y 8 meses que hemos vivido con condiciones intermitentes de aislamiento y recuperación. En este sentido, señalo la gravedad de los efectos de la inflación, que con el alza de precios reduce los efectos de “recuperación económica” que veníamos experimentando y de la que hay que señalar han tenido efectos diferenciados con menores resultados entre las personas en situación de pobreza.

Aunado a ello, México es un país altamente sensible a la realidad estadounidense por la relación comercial que sostenemos y la proporción de importaciones y exportaciones nacionales de y hacia este país. Por su parte, la gestión Biden en Estados Unidos enfrenta una crisis debido a que la inflación en su territorio ha pronunciado las diferencias de opinión sobre los proyectos más progresistas que han establecido, como el Paquete de Estímulos que se aprobó este año. Entre alimentos, gas, gasolina y vehículos están los grupos de productos que más han tenido subidas de precios en ese país, que en octubre pasado registró una inflación de 6,2% en los últimos 12 meses, el mayor aumento en más de 30 años. Por otra parte, los datos son alarmantes en Brasil experimenta inflación del 10.15% y Argentina del 52.1% (con datos de noviembre).

En todos los países se comenta sobre el fenómeno y como limita a las personas a acceder a productos de la canasta básica. Principalmente, el alza de precios en la producción de gas, gasolina y electricidad responden a un mercado que se ha venido tambaleando desde que inició el confinamiento como medida anti COVID-19. Como es previsible, el aumento de precios en combustibles y energía conlleva al incremento de estos en alimentos y servicios.

Cuando los precios suben, los primeros en saberlo y sentirlo son las personas que viven al día y que tienen menos oportunidades y menor acceso a recursos. Las medidas de acción para evitar una desestabilización mayor están quedando cortas, justo cuando la tormenta se acerca. Salud y Economía están íntimamente relacionadas y su mejoría va de la mano.

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