Jardines con hojarasca, humedad y flores: así se puede favorecer el regreso de las luciérnagas

La presencia de luciérnagas depende menos de la casualidad que del hábitat. Suelo húmedo, hojas secas, troncos, menos luz artificial y plantas adecuadas pueden ayudar a su conservación

AquíNoticias Staff

Las luciérnagas no desaparecen por sí solas. Su declive está asociado, sobre todo, a la pérdida y degradación del hábitat, la contaminación lumínica y el uso de pesticidas. Especialistas en conservación advierten que muchas especies dependen de ambientes húmedos, con hojarasca, troncos y suelos poco alterados durante su etapa larvaria, que es la más larga de su ciclo de vida.

Por eso, convertir un jardín en un espacio más favorable para las luciérnagas no pasa únicamente por sembrar flores. También implica dejar hojas secas en algunos bordes, conservar piedras y pequeños troncos, evitar insecticidas y reducir la iluminación nocturna, porque la luz artificial puede interferir en las señales bioluminiscentes con las que estos insectos se comunican y encuentran pareja.

La recomendación de sumar plantas con floración útil para insectos y con cobertura vegetal se apoya en ese mismo principio: crear microhábitats vivos. Organizaciones de conservación y vida silvestre señalan que los jardines con vegetación diversa, mejor humedad del suelo y espacios de resguardo ofrecen mejores condiciones para las luciérnagas que un césped corto y uniformado.

En la propuesta compartida para recuperar estos insectos en casa aparecen nueve especies: vara de oro mexicana, melisa, mejorana, dondiego de noche, cosmos, manzanilla silvestre, milenrama, zinia y tomillo rastrero. Algunas de estas plantas coinciden con rasgos que favorecen la actividad nocturna de polinizadores, como el aroma intenso o la apertura vespertina de las flores. El Servicio Forestal de Estados Unidos señala que muchas flores visitadas por polinizadores nocturnos abren por la tarde o la noche y emiten fragancias marcadas; además, especies del género Mirabilis destacan por abrir al final del día y mantenerse floreciendo durante la noche.

También hay un componente local importante. El Cosmos sulphureus y la Zinnia elegans, dos de las plantas incluidas en la lista, son registradas como especies nativas de México por jardines botánicos especializados, lo que refuerza la idea de apostar por vegetación compatible con el entorno.

La conclusión es simple: un jardín más amable para las luciérnagas no se construye con limpieza extrema, sino con vida. Menos concreto y más suelo vivo; menos foco y más oscuridad; menos pesticida y más diversidad vegetal. Ahí puede empezar su regreso.

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