Libertad de expresión en México: cuando ser mujer periodista significa informar bajo asedio

La censura ya no siempre dispara: también firma

Por Jhenyfeer Farrera
3 de mayo de 2026 | Día Mundial de la Libertad de Prensa

Conmemorar la libertad mientras informar sigue siendo una práctica de riesgo

Cada 3 de mayo, en el Día Mundial de la Libertad de Prensa, los discursos oficiales suelen insistir en la importancia de la democracia, la pluralidad y el derecho ciudadano a la información. Se repiten palabras como libertad, transparencia y garantías. Pero en México, para miles de periodistas —y especialmente para las mujeres— esa narrativa institucional choca con una realidad mucho más áspera: ejercer el periodismo sigue significando trabajar bajo amenaza.

La fecha conmemora un derecho; la experiencia cotidiana lo pone en duda.

Porque mientras el poder celebra la libertad de expresión como principio democrático, muchas periodistas en el país continúan enfrentando violencia, precarización, hostigamiento digital, acoso judicial y censura institucional. Hablar de libertad de prensa sin mirar estas condiciones no sólo resulta insuficiente: puede convertirse en una forma de omisión.

En un contexto políticamente simbólico, con la llegada de la primera mujer a la Presidencia de México, diversas organizaciones especializadas han advertido una contradicción preocupante: la representación política femenina no se ha traducido automáticamente en mejores condiciones para quienes ejercen el periodismo. El informe Entre el discurso y la desprotección (2026), de Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC), documentó 338 agresiones contra mujeres periodistas durante el primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum, frente a 154 registradas en el mismo periodo del sexenio anterior.

La cifra no sólo rompe expectativas.
Desmonta el discurso.

México: uno de los países más peligrosos para informar

Los datos internacionales refuerzan esta crisis. Reporteros Sin Fronteras (RSF) colocó a México en el lugar 124 de 180 países en su Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2025, manteniéndolo entre los entornos más hostiles para el ejercicio periodístico fuera de zonas formalmente bélicas.

A ello se suma el Índice Chapultepec de Libertad de Expresión y Prensa 2025, que ubicó a México en condición de “alta restricción”, con apenas 34.9 puntos sobre 100.

No se trata únicamente de asesinatos o desapariciones, aunque esos continúan marcando la gravedad del problema. La amenaza también adopta nuevas formas: litigios estratégicos, campañas de desprestigio, vigilancia, violencia digital y presión económica.

Hoy, en México, la censura no siempre llega con armas.
A veces llega con demandas.
Con sanciones.
Con burocracia.

La censura firma.

Ser mujer periodista: informar bajo una violencia diferenciada

El periodismo en México históricamente ha implicado riesgo, particularmente en coberturas vinculadas con corrupción, crimen organizado, derechos humanos o seguridad pública. Pero para las mujeres, ese riesgo se amplifica por razones de género.

Las agresiones documentadas por CIMAC no se limitan a amenazas físicas. Incluyen también acoso sexual en espacios laborales, hostigamiento digital sexista, violencia psicológica, campañas de descrédito, desplazamiento forzado, precarización y revictimización institucional.

Esto revela una dimensión más profunda: muchas periodistas no sólo son atacadas por investigar asuntos incómodos para el poder, sino también por ocupar un espacio público que históricamente les ha sido disputado.

Cada agresión tiene entonces una doble función: intentar silenciar la información y disciplinar la voz de quien la emite.

A esto se suma la precariedad estructural dentro de los propios medios: brechas salariales, menor presencia en cargos directivos, asignación estereotipada de coberturas y falta de garantías laborales.

La violencia no sólo amenaza.
También desgasta.
También empobrece.

Cuando el Estado falla… y cuando también agrede

Uno de los hallazgos más preocupantes del informe de CIMAC es que funcionarios públicos, particularmente de niveles estatales y municipales, figuran entre los principales agresores contra mujeres periodistas.

Esto obliga a revisar una idea central: el riesgo para la prensa no proviene exclusivamente del crimen organizado o de actores externos, sino también de estructuras institucionales que, en lugar de proteger, pueden convertirse en mecanismos de intimidación.

En 2025, CIMAC documentó al menos 16 casos de acoso judicial contra mujeres periodistas, donde herramientas legales fueron utilizadas para inhibir investigaciones, imponer desgaste económico o presionar silencios.

Este fenómeno transforma el concepto tradicional de censura. Ya no se trata sólo de callar mediante la violencia directa. También implica utilizar el aparato legal y administrativo para restringir, castigar o desgastar el ejercicio periodístico.

En otras palabras: la violencia se sofistica.

Chiapas y el sur: informar desde territorios históricamente desiguales

En el sur de México, estas dinámicas adquieren características particulares. En estados como Chiapas, ejercer el periodismo significa hacerlo en contextos atravesados por desigualdad territorial, racismo estructural, violencia feminicida, extractivismo y precariedad económica.

Aquí, la Red de Mujeres Periodistas y Comunicadoras de Chiapas ha colocado una exigencia clave: la libertad de expresión no depende únicamente de garantías jurídicas, sino también de condiciones materiales para ejercerla.

Seguridad.
Salarios dignos.
Cuidados.
Protección colectiva.

Su participación en movilizaciones bajo la consigna “Nos queremos vivas, libres e informando” representa una transformación política importante: las periodistas no sólo narran la violencia; también denuncian la que atraviesa su propio ejercicio profesional.

Porque no hay libertad de prensa real cuando informar implica poner en riesgo la vida, la salud mental o la subsistencia.

Redes de mujeres: cuando la protección también se construye desde abajo

Frente a las limitaciones del Estado, múltiples organizaciones y redes feministas han construido mecanismos propios de acompañamiento y resistencia. CIMAC, Artículo 19, la Red Nacional de Mujeres Periodistas y diversas articulaciones estatales han desarrollado estrategias de protección, formación, memoria y denuncia.

No se trata sólo de documentar agresiones.
Se trata de sostener a quienes informan.

En muchos territorios, particularmente para mujeres periodistas, la posibilidad de seguir ejerciendo parece depender tanto de estas redes de solidaridad como de las instituciones formales.

Eso no exime al Estado de responsabilidad; al contrario, evidencia sus límites.

Una democracia pendiente

La libertad de prensa en México existe en el marco constitucional. Pero para muchas periodistas, su ejercicio cotidiano continúa condicionado por violencia, desigualdad y riesgo.

Esa es la paradoja.

No basta con conmemorar la libertad de expresión mientras informar siga implicando miedo.
No basta con discursos institucionales mientras persistan estructuras patriarcales y mecanismos de censura sofisticada.
No basta con reconocer el derecho si las condiciones para ejercerlo siguen siendo profundamente desiguales.

La democracia no puede asumirse plena cuando quienes narran la realidad deben hacerlo bajo amenaza.

Mientras informar siga siendo una práctica de riesgo, la libertad de prensa en México seguirá siendo una promesa incompleta.

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