Mahahual no quiere toboganes: quiere arrecife vivo

La resistencia al proyecto Perfect Day México advierte que Mahahual no necesita más turismo de espectáculo, sino proteger su arrecife, manglares y vida comunitaria

AquíNoticias Staff

Mahahual no necesita venderse como parque acuático. Ya tiene algo más importante, más valioso y más difícil de recuperar si se pierde: su ubicación frente al Sistema Arrecifal Mesoamericano, considerado el segundo arrecife coralino más grande del mundo.

Por eso la discusión sobre Perfect Day México, el megaproyecto turístico impulsado por Royal Caribbean, no puede reducirse a una promesa de inversión, empleo o espectáculo. La pregunta pública es más seria: si un destino costero que bordea un ecosistema estratégico debe transformarse en plataforma de consumo masivo para cruceros.

La petición ciudadana “Salvemos Mahahual — Detengamos el proyecto destructivo de Royal Caribbean”, dirigida a la presidenta Claudia Sheinbaum, sostiene que el proyecto amenaza la existencia misma de Mahahual, un pueblo costero del sureste mexicano situado junto al segundo arrecife de coral más grande del mundo. La campaña ha colocado el caso en la conversación nacional e internacional.

El planteamiento de sus opositores es claro: no se trata de rechazar el turismo, sino de cuestionar un modelo turístico que consume territorio, agua, costa y paisaje, mientras deja a las comunidades locales con la carga ambiental, urbana y social.

Royal Caribbean ha presentado Perfect Day México como un nuevo destino turístico privado en Mahahual, con apertura prevista para 2027. La empresa lo promueve como parte de su oferta global de experiencias para cruceristas. Sin embargo, organizaciones ambientales y habitantes han advertido riesgos sobre manglares, selva costera, arrecifes, acceso al litoral, generación de residuos y presión sobre los servicios públicos.

El conflicto ya tuvo intervención institucional. En enero de 2026, Profepa clausuró temporalmente obras y actividades vinculadas al proyecto al señalar irregularidades ambientales y falta de autorización de impacto ambiental en un predio relacionado con “Destino Mahahual”, posteriormente identificado como “Perfect Day Mahahual”.

A la dimensión ambiental se suma la legal. Colectivos y organizaciones han promovido acciones contra cambios de uso de suelo y trámites vinculados al desarrollo. Reportes periodísticos han documentado amparos, suspensiones e impugnaciones alrededor del proyecto, lo que confirma que no se trata de una simple diferencia de opinión, sino de una disputa por el futuro del territorio.

Royal Caribbean ha sostenido que el proyecto cumplirá con la legislación mexicana y que preservará áreas de manglar y selva dentro del polígono. Pero el punto crítico no se agota en lo que diga la empresa. En un ecosistema vulnerable, la evaluación debe considerar impactos acumulados: cuánta agua demandará el complejo, cuántos residuos producirá, qué presión añadirá al arrecife, cómo modificará la vida de Mahahual y quién asumirá los costos cuando termine la jornada turística.

La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que el gobierno federal no permitirá proyectos que afecten el equilibrio ecológico y subrayó la importancia de proteger manglares y arrecifes; incluso planteó que, si fuera necesario, el proyecto podría llevarse a otro sitio sin ese impacto. Esa posición abre una ruta política: revisar con rigor, no con prisa; escuchar a la comunidad, no solo al inversionista; y poner el interés ambiental por encima de la foto de inversión.

Mahahual no está frente a una decisión menor. Lo que se juega ahí es el tipo de desarrollo que México está dispuesto a aceptar en sus costas. Un modelo puede generar ingresos inmediatos, pero también puede erosionar aquello que hacía valioso al destino.

El Caribe mexicano ya conoce esa historia: lugares que empezaron como paraísos naturales y terminaron convertidos en corredores saturados, con playas privatizadas de facto, servicios rebasados y ecosistemas sometidos a presión permanente.

Por eso el mensaje ciudadano tiene fuerza: no queremos el tobogán más grande del mundo; queremos proteger el segundo arrecife más grande del mundo.

Mahahual no necesita convertirse en una postal artificial para cruceristas. Necesita reglas claras, turismo responsable, comunidad escuchada, manglar protegido, arrecife vivo y autoridades capaces de entender que no todo lo que parece desarrollo merece llamarse progreso.

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