Sobre Luisa María Alcalde, las versiones de una posible salida de la presidencia de Morena volvieron a crecer, pero hasta ahora no existe confirmación oficial: Claudia Sheinbaum dijo este lunes que no tiene conocimiento de cambios en el partido y la propia dirigente ya había negado que vaya a dejar el cargo
AquíNoticias Staff
Dentro de Morena crecieron este lunes las versiones sobre una próxima salida de Luisa María Alcalde de la presidencia nacional del partido. El punto de partida fue la columna Bajo Reserva de El Universal, que asegura que la decisión “está tomada”, que la secretaria general Carolina Rangel asumiría de forma interina y que el relevo definitivo llegaría en unas semanas con un perfil cercano a Palacio Nacional.
El trascendido, sin embargo, sigue siendo eso: un trascendido. Hasta ahora no existe un anuncio formal del partido ni una comunicación institucional que confirme el movimiento en la cúpula morenista. La propia presidenta Claudia Sheinbaum dijo este lunes en su conferencia matutina que “no tengo conocimiento de algún cambio en el partido” y, además, respaldó públicamente a Alcalde al reconocer su trabajo y describirla como parte de la nueva generación de Morena.
La columna de El Universal atribuye la eventual salida a dos factores centrales: presuntos problemas de fiscalización sobre un presupuesto de más de 2 mil 500 millones de pesos en prerrogativas de 2025 y una relación complicada con los aliados de Morena, PVEM y PT. En esa parte, el dato también debe leerse con cuidado: no se presenta como resultado de una resolución pública del partido, sino como una explicación atribuida a fuentes internas.
Ese punto no es menor, porque la tensión con los aliados sí ha estado en la conversación pública reciente. En una entrevista publicada por El País a finales de febrero, la propia Luisa María Alcalde admitió el desacuerdo con PVEM y PT sobre la reforma electoral y sostuvo que Morena no podía ceder “en lo esencial”, lo que dejó ver fisuras políticas dentro de la coalición gobernante rumbo a 2027.
La dirigente nacional ya había respondido antes a los rumores sobre su salida. El 26 de marzo, en entrevista con Ciro Gómez Leyva, Alcalde negó que existiera una decisión para removerla y sostuvo: “Aquí voy a estar en Morena, yo fui electa por el Congreso Nacional de Morena y hasta que no determine una cosa distinta el Congreso Nacional estaremos aquí”. Su postura fue clara: su permanencia, dijo, no depende de versiones periodísticas ni de especulaciones externas.
El trasfondo del debate es político y electoral. Morena se acerca a la organización de los comicios de 2027, una elección de gran escala en la que estarán en juego gubernaturas, Cámara de Diputados, congresos locales y ayuntamientos, además de coincidir con la elección judicial. En ese contexto, cualquier ajuste en la dirigencia no sería un movimiento menor: implicaría control político, operación territorial, manejo presupuestal y capacidad para contener divisiones internas.
Por separado, otras columnas han empujado la tesis de una reconfiguración más amplia dentro de Morena. Raymundo Riva Palacio escribió recientemente que Alfonso Durazo aparece perfilado para asumir el liderazgo del partido en septiembre, si las condiciones internas no cambian. Esa versión tampoco es oficial, pero confirma que la discusión sobre el mando morenista ya se instaló en el espacio público.
Así que, por ahora, el cuadro es éste: hay versiones crecientes sobre un relevo en Morena; hay una columna que asegura que la decisión ya fue tomada; pero también hay una presidenta de la República que dice no conocer ningún cambio y una dirigente nacional que sostiene que seguirá en el cargo mientras el Congreso del partido no resuelva otra cosa. En política, eso significa una cosa: el rumor ya caminó más rápido que la confirmación.








