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Mujeres indigenas y sus espacios de resistencia desde el legado zapatista

Mujeres indigenas y sus espacios de resistencia desde el legado zapatista

Fue el 9 de agosto de 2003 cuando se dio a conocer la creación del primer caracol zapatista, llamado hoy «caracol de resistencia y rebeldía por la humanidad». El mismo día que se conmemora -como cada año desde 1995- el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas

Berenice Chavarria Tenorio / Cimac Noticias 

La colectividad y resistencia como forma de sobrevivir: ese ha sido el espíritu que atiborra las almas de decenas de mujeres y niñas indígenas zapatistas, quienes por años han luchado y abrazado la rebeldía.  Ellas han protagonizado luchas por sus derechos y abrieron espacios al diálogo, para que las voces de todas fuesen escuchadas y sus exigencias sigan los caminos del bien común.

Caracoles zapatistas, espacios de resistencia

Fue el 9 de agosto de 2003 cuando se dio a conocer la creación del primer caracol zapatista, llamado hoy «caracol de resistencia y rebeldía por la humanidad». El mismo día que se conmemora -como cada año desde 1995- el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas.

Estos espacios son articulados entre sí y buscan imponer caminos de paz, dejando a un lado las oligarquías locales que por años silenciaron y reprimieron a las comunidades originarias.  En los caracoles se cuenta con escuelas, auditorios, explanadas para lugares de reuniones masivas, y oficinas donde resuelven sus autoridades autónomas.

Actualmente hay 12 caracoles, ubicados en las regiones indígenas del estado de Chiapas. En dichos lugares converge la idea de una vida digna para mujeres, niños, niñas y todas las personas que luchan.

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Mujeres, libertad y rebeldía

Desde hace años, las mujeres fueron incorporadas a la lucha revolucionaria, «sin importar su raza, credo, color o filiación política, con el único requisito de hacer suyas las demandas del pueblo explotado y su compromiso a cumplir y hacer cumplir las leyes y reglamentos de la revolución», destaca el portal Enlace Zapatista.

Su adhesión a la lucha las llevó a crear la Ley Revolucionaria de Mujeres en 1993, en la cual se establece que:

  • Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.
  • Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.
  • Las mujeres tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.
  • Las mujeres y sus hijos tienen derecho a atención primaria en su salud y alimentación.
  • Las mujeres tienen derecho a la educación.
  • Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.
  • Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación o violación serán castigados severamente.
  • Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.
  • Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señala las leyes y reglamentos revolucionarios.

De esta forma, los años de opresión que vivieron otras mujeres, quedarían en el olvido para otras tantas.

«Cuentan nuestras mamás, nuestras ancianas, nuestras hermanas que la vida de una niña antes del 94 era muy difícil porque no nos tomaban en cuenta, sí tenemos dignidad como niñas», contó María a la colectiva feminista Luchadoras durante el Encuentro de Mujeres La comandanta Ramona, realizado en diciembre de 2007.

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Las palabras de María fueron respaldadas por Rosalinda, mujer zapatista del caracol de La Garrucha, quien recordó la historia que las llevó a convertirse en milicianas.

«No había respeto por las mujeres, no nos tomaban en cuenta por ser mujer, decían que solo los hombres tienen derecho. Hasta nuestros padres nos decían que como mujeres no valemos nada, nos taparon nuestros derechos, nos los quitaron. Antes cuando no había la organización, no teníamos la libertad para salir a participar, ni derechos a tener cargo (…) Lo hombres se burlaban de las mujeres y decían que no sabíamos hablar, no teníamos derecho ni salir a la calle, estábamos encerradas en nuestras casas, las mujeres sólo trabajan en la cocina en cuidar a los hijos y los animales».

Fue así como la libertad, dignidad y resistencia poco a poco se ha convertido en herencia para las nuevas generaciones, ahora, las mujeres, niñas y niños se expresan, participar, hablar y ser tomadas en cuenta. Al interior de los caracoles zapatistas, lejos van quedando la discriminación y desigualdad gracias a la lucha de ellas.

Las dos caras de la población indígena en México

La realidad que se vive al interior de los caracoles zapatistas no es la misma para las miles de mujeres indígenas que actualmente habitan en México. De acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda 2020, en México siete millones 364 mil 645 personas hablan una lengua indígena, de estas, 51.4 son mujeres. Sin embargo, la mayoría de ellas se encuentran en pobreza, sufren discriminación y también son víctimas de la violencia machista que permea en todo el país.

Por ejemplo, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) señala que 46.7 por ciento de las mujeres están en rezago educativo. 10.1 por ciento de ellas tienen carencia por acceso a los servicios de salud. 32.2 por ciento de las mujeres carecen de calidad y espacios de la vivienda. Y 3.5 por ciento de ellas no cuentan con acceso a la alimentación.

En ese sentido es importante recordar que la Recomendación General 39 de la Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) refiere que México, como Estado parte, debe brindar y adoptar medidas legislativas, políticas y de otro tipo, a fin de garantizar los derechos individuales y colectivos de las mujeres y niñas indígenas. Sin embargo, esta tarea continúa pendiente.

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