Vaquita marina: salvarla todavía es posible, pero la acción no puede esperar

La vaquita marina, especie endémica del Alto Golfo de California, resiste con una población mínima. Su supervivencia depende de eliminar redes ilegales, frenar la pesca de totoaba y apoyar acciones de conservación

AquíNoticias Staff

La vaquita marina todavía vive. Esa frase, breve y urgente, resume una de las batallas ambientales más importantes de México: impedir la extinción del mamífero marino más amenazado del planeta.

Esta pequeña marsopa, cuyo nombre científico es Phocoena sinus, habita únicamente en el Alto Golfo de California, en una zona reducida del Mar de Cortés. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la identifica como el mamífero marino más amenazado del mundo y advierte que su distribución se limita a una región muy pequeña del norte del Golfo de California, principalmente cerca de San Felipe, Baja California.

El monitoreo más reciente realizado por Sea Shepherd y autoridades mexicanas reportó que, en 2025, hubo una probabilidad de 67 por ciento de que se observaran entre 7 y 10 individuos distintos. También se registró la presencia de al menos una o dos crías, un dato relevante porque confirma que la especie continúa reproduciéndose.

La noticia no debe leerse como alivio, sino como oportunidad. Que la vaquita siga reproduciéndose significa que aún existe margen para salvarla; pero su población es tan pequeña que cualquier muerte accidental puede tener consecuencias graves.

La principal amenaza no es la falta de alimento ni el deterioro natural de su hábitat. De acuerdo con NOAA Fisheries, la mortalidad incidental en redes de pesca representa el mayor riesgo para la especie, porque las muertes en redes superan la capacidad de recuperación por nacimientos.

El problema está asociado, sobre todo, a las redes de enmalle utilizadas en la pesca ilegal de totoaba, pez también protegido cuya vejiga natatoria es traficada en mercados internacionales. NOAA señala que la pesca ilegal de totoaba creció de manera importante y se convirtió en una gran amenaza para la vaquita; además, documenta que las vejigas son secadas y sacadas de México de contrabando.

Por eso, salvar a la vaquita marina no depende solo de campañas emotivas. Requiere vigilancia efectiva, retiro de redes, alternativas económicas para comunidades pesqueras, combate al tráfico de totoaba y aplicación real de la ley. La UNESCO, en su decisión de 2024, reconoció que la población restante parece estable y reproductiva, pero consideró esencial proteger completamente a los individuos que quedan, especialmente mediante la eliminación de redes de enmalle ilegales en su hábitat.

La misma decisión de la UNESCO mantuvo a las Islas y Áreas Protegidas del Golfo de California en la Lista de Patrimonio Mundial en Peligro, al advertir que la pesca ilegal de totoaba persiste y mantiene a la vaquita bajo amenaza de extinción inminente.

La ciudadanía también puede actuar. La organización Viva Vaquita mantiene una sección de acción pública que incluye firmar peticiones dirigidas a autoridades mexicanas, escribir a funcionarios, evitar productos pesqueros capturados con redes de enmalle, consumir productos del mar de origen sostenible y difundir información verificada sobre la especie.

La petición disponible en Viva Vaquita llama a exigir acción inmediata para retirar las redes de enmalle del rango de distribución de la vaquita.

La vaquita marina no es solo una especie en riesgo. Es una prueba de responsabilidad pública. Si México permite su extinción, perderá un animal único en el mundo y enviará un mensaje de fracaso frente al crimen ambiental. Si logra salvarla, demostrará que la conservación puede vencer incluso cuando el margen parece mínimo.

Salvar a la vaquita marina todavía es posible. Pero ya no basta con admirarla, lamentarla o compartir su imagen. Hay que actuar: exigir vigilancia, apoyar la pesca sustentable, rechazar el tráfico de especies y sumar presión ciudadana para que el último refugio de la vaquita quede libre de redes.

Fima y salva

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