El García Luna de Morena
Había una vez un partido que ganó el poder prometiendo que ellos sí eran distintos. Que la corrupción era cosa del pasado. Que los malos estaban del otro lado. Que la transformación era, ante todo, moral.
Ayer, el Los Angeles Times —ese diario al que la 4T solo cita cuando le conviene— publicó lo que muchos en el círculo rojo ya susurraban desde hace meses: el gobierno de Estados Unidos tiene abiertas investigaciones criminales contra Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, y Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas, ambos de Morena, por presuntos vínculos con el crimen organizado. La Jornada
No son priistas. No son panistas. Son morenistas. De los de hueso colorado.
Hablemos de Durazo, porque su caso tiene una dimensión que merece detenerse.
Alfonso Durazo fue secretario de Seguridad Pública de México durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ayudando a implementar la célebre estrategia de «abrazos, no balazos». La misma que, según sus promotores, iba a pacificar al país atacando las causas estructurales del delito. La misma que, según los números, dejó los sexenios más violentos de la historia moderna de México. Proceso
El hombre que cuidaba la seguridad del país hoy no puede entrar a Estados Unidos con visa. La visa de Alfonso Durazo fue cancelada desde el año pasado y enfrenta una investigación por presuntos vínculos con el crimen organizado. Cuando viaja al norte —y vaya que viaja— lo hace bajo un programa especial. Ese permiso forma parte del programa Significant Public Benefit Parole, dirigido a personas que brindan información en calidad de testigos «para mitigar las consecuencias de los cargos reales o pendientes en su contra o en contra de otros.» El FinancieroLa Razón de México
Léase de nuevo, despacio.
Un gobernador mexicano en funciones. Ex secretario de Seguridad. Que entra a Estados Unidos como testigo colaborador. Para «mitigar consecuencias». De cargos pendientes.
¿Les suena a algo?
Permítame refrescarles la memoria: Genaro García Luna también fue secretario de Seguridad. También negó todo. También juró inocencia. También dijo que era «una infamia». Y hoy cumple una condena de 38 años en una prisión federal estadounidense por narcotráfico y crimen organizado.
Por supuesto, Durazo reaccionó con la elegancia que lo caracteriza. El gobernador de Sonora calificó las acusaciones de «infamia» que buscan dañar su imagen pública, asegurando que no existe ninguna notificación oficial por parte del gobierno estadounidense. «Casi sudo agua bendita», dijo. Una frase que, viniendo de quien viene, tiene el mérito involuntario de ser la declaración más entretenida de la semana. La Crónica de Hoy México
Y Claudia Sheinbaum, fiel a su manual de manejo de crisis, cuestionó si «sectores de la extrema derecha estadounidense están utilizando al país para posicionarse de cara a sus elecciones de 2026» o si «pretenden influir en la elección de 2027 en México.» Proceso
Siempre hay un culpable externo. Siempre hay una conspiración lista para explicar lo que no se quiere ver.
El problema es que el Los Angeles Times no es el PAN. Steve Fisher y Kate Linthicum no son periodistas de Televisa. Y un gran jurado federal en Nueva York —el mismo que ya procesó a Rubén Rocha— no es exactamente un instrumento de la oposición mexicana.
La narrativa de la transformación moral tiene un problema cada vez más difícil de maquillar: sus propios cuadros.
Morena llegó al poder con la promesa de que México tendría, por fin, gobernantes limpios. Lo que tiene, al parecer, son gobernantes con mejor relaciones públicas.
Y mientras el partido de la transformación ensaya sus respuestas —infamia, conspiración, lawfare, interferencia electoral— en Washington alguien sigue tomando notas.
La historia de García Luna no fue un relámpago. Fue una tormenta que se veía venir desde lejos.
Esta también.
Quien tenga oídos, que oiga.








