Se han cumplido 75 años de la creación de una institución, pero significa más que eso: es la muestra de la constancia, exigencia, pluralidad y rigor de una comunidad. La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México no es, ni ha sido nunca, un conjunto de edificios, primero en el corazón de Ciudad Universitaria, y luego ubicado en la periferia de la universidad. Es un ágora en donde el México del siglo XX se pensó a sí mismo para comprender y, en ocasiones, soportar, la turbulencia de su propia transición.
Fundada en un momento de reconfiguración nacional, cuando la posguerra dictaba nuevas coordenadas para el Estado y la academia, la Escuela Nacional, y al poco tiempo Facultad, asumió el mandato que hoy parece más apremiante que nunca: dotar de los instrumentos intelectuales para descifrar el ejercicio del poder. En sus aulas, auditorios y cafeterías se forjó la crítica al sistema, se analizó el presidencialismo, se debatieron las utopías de la izquierda y se aprendió que la política, lejos de ser un ejercicio de pragmatismo, es una disciplina del espíritu y la razón.
Quienes caminamos por sus pasillos sabemos que la Facultad no es un espacio de paz inerte. Fue, y sigue siendo, un territorio de contraste. En sus instalaciones es fácil escuchar las tensiones que han definido y siguen configurando al país: el autoritarismo frente la resistencia democrática, la tradición frente a la modernidad, la teoría frente a la calle. Ese es el mayor legado de la FCPyS: enseñar a cuestionar el dogma, no a repetirlo.
Sin embargo, en este aniversario, conviene preguntarse ¿cuál es el estado de salud de la Facultad y de las ciencias políticas y sociales, en general? En comparación al tiempo de su fundación, hoy el escenario es radicalmente distinto y, en muchos sentidos, más hostil. Las ciencias políticas y sociales enfrentan una crisis de legitimidad que no es producto de su inutilidad, sino de la velocidad vertiginosa del cambio social. Vivimos bajo el imperio de la inmediatez, en donde la reflexión profunda y pausada ha sido desplazada por la velocidad del algoritmo, y donde la política se ha reducido a la polarización en las redes sociodigitales.
Los retos para la FCPyS hacia el futuro son enormes. Se encuentra ante el desafío de ser guardián de la memoria y un laboratorio de vanguardia. La erosión de las certezas democráticas, el descrédito de los partidos y la emergencia de los populismos, exigen una respuesta que no puede venir de viejos manuales. La Facultad tiene la responsabilidad de reconstruir el lenguaje de lo público. No puede permitir que el debate se vacíe de contenidos teóricos y rigor metodológico.
La FCPyS debe seguir siendo el espacio en donde la pluralidad no es una concesión. Un lugar en el cual estudiantes de Relaciones Internacionales dialoguen con quienes cursan Sociología, en donde la Ciencia de la Comunicación se entienda con las Ciencias Políticas y la Administración Pública, y en donde la Antropología enseñe a las otras disciplinas cómo ver los viejos y nuevos problemas comunes. La Facultad, a la vez que forma especialistas, construye ciudadanía.
La FCPyS le pertenece a la nación, por tanto, este 75 aniversario es una celebración colectiva.








