A Estribor / Juan Carlos Cal y Mayor

Sangre de atole

De verdad que no sé qué pasa por la mente de nuestra clase política local. Parece que tuvieran atole en la sangre o de plano tenemos una subcultura de corte virreinal. Resulta patético escucharlos hablar y exponer las razones por las cuales aspiran a cargos de elección. En el caso de las alcaldías por el simple deseo de gobernar sin tener ni la más remota idea de cómo realmente resolver los problemas de fondo que atañen a su localidad. Ni siquiera muchos de los que están ahora en el poder saben hacerlo. Llegan con un efímero conocimiento de las problemáticas producto de su intuición que no es muy distante a la de muchos ciudadanos. Se convierten eso sí, en expertos maromeros para sortear las vicisitudes que se les van presentando y al rato ya andan aspirando a nuevos cargos de elección por la exposición que los cargos les otorgan. Los alcaldes se convierten luego en caciques y noveles contratistas pensando en cómo repetir en nuevos «desafíos».

Localucos

En el caso de los aspirantes a diputados locales resulta peor la cosa. Salvo casos aislados, todos terminan alineándose con el poder en turno. Solícitos buscan congraciarse para ganarse la venía del mandamás mayor y construir sus carreras políticas con su bendición. No construyen liderazgos, no objetan, no cuestionan, aprueban sin chistar las reformas legales, las cuentas públicas y las designaciones que les ordenan. Son oficina de mero trámite muy costosa para las arcas públicas. De contrapesos ni hablemos, no saben lo que es eso, ni en realidad para qué se supone que existe la división de poderes. No son capaces siquiera de cuestionar el presupuesto para dirigir algún recurso en beneficio de sus representados. Lo aprueban sin objetar. Se mimetizan en una agenda que les es impuesta sin impulsar siquiera la que postulan sus propios partidos en sus plataformas políticas. Ni las conocen siquiera. Por eso es infructuoso estar ahí.

Diputados Federales

Los diputados federales por igual. Se convierten en uno más de los 500 navegando en la mediocridad. No los vemos destacar en sus intervenciones, ni participar en los debates. No informan a sus electores sobre las grandes decisiones que afectan al país. Si acaso lo hacen adjudicándose logros que no son propios con el único afán de promocionarse. Son raras las excepciones y poco notables. En el tiempo en que no hubo mayorías y se necesitaba negociar el presupuesto antes de aprobarlo, etiquetaron recursos para sus distritos para enriquecerse con los moches. Hay raras excepciones por supuesto. No todo está podrido en Dinamarca.

Reelección

Ahora que vienen los comicios y habrá por primera vez reelección, me pregunto con qué cara la bancada morenista que arrasó en el 18 va ir a pedir el voto a sus respectivos distritos. Le entregaron todo el presupuesto al presidente para que a manos llenas invierta en sus programas sociales con cuyos padrones luego lucran electoralmente. Dilapidan el dinero. Nada pidieron para sus distritos, ni condicionan su voto. Descobijaron a las haciendas públicas municipales. Si acaso remilgaron por algo, nadie lo sabe.

Eso sí, ahora son largas las filas de aspirantes, 11 en promedio por cargo de elección. Apuestan a ganar en la catafixia en que Morena ha transformado sus procesos de elección. Y en la oposición van algunas cartas más o menos competitivas. Políticos más formados que muchos de los aprendices que buscan una beca para los próximos tres años. Enfrentarán al aparato de gobierno y por eso también se eligieron a candidatos dispuestos a invertir dineros sabedores de que solo así se pueden ganar las elecciones. Dinero de dudoso origen. Si no tienes lana ni te metas, dicen con soberbia.

El Cargo, pero no la carga

No los vamos a ver discutiendo los grandes temas nacionales. Tampoco planteando una agenda con los temas del estado que beneficien a la población.  Eso no interesa a sus posibles representados a los que solo les mueve que les saquen de algún apuro.  Las disputas se van focalizar en el lodazal de la política y no en el debate informado del cual por supuesto no están informados ni tampoco saben debatir. Así de lamentable es una nuestra precariedad política. Así de aldeana. Varios van por repetir en cargos de elección donde pasaron con más pena que gloria. Les corre atole por la sangre. No están con todo respeto a la altura de las circunstancias. No hay visión de futuro, ni conocimiento de nuestra problemática. Les interesa el cargo, pero no quieren asumir la carga…

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