Pequeña, amarilla y de sabor agridulce, esta fruta aporta vitamina C, fibra y minerales asociados con el cuidado de la piel, la cicatrización y el sistema inmune
AquíNoticias Staff
Con el paso de los años, el cuerpo produce menos colágeno y el que conserva tiende a degradarse con mayor rapidez. Esta proteína cumple una función estructural en la piel, músculos, huesos, tendones, ligamentos y otros tejidos conectivos, por lo que su disminución suele asociarse con pérdida de firmeza, menor elasticidad y cambios en articulaciones y tejidos.
Aunque ningún alimento vegetal aporta colágeno como tal, una dieta adecuada sí puede ofrecer nutrientes que el organismo necesita para producirlo. Entre ellos destaca la vitamina C, indispensable para la biosíntesis de colágeno, además de participar en la función inmune y en la absorción del hierro de origen vegetal.
En ese contexto aparece el nanche, también conocido como nance o changunga, un pequeño fruto amarillo, de sabor dulce y aroma fuerte, cuyo nombre científico es Byrsonima crassifolia. En México se cultiva en estados del sur y sureste, desde Michoacán hasta Chiapas, Yucatán y Quintana Roo, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.
El interés nutricional del nanche se debe a su contenido de vitamina C, fibra dietética y compuestos bioactivos con actividad antioxidante. Una revisión publicada en Acta Agrícola y Pecuaria reporta que este fruto contiene compuestos fenólicos, carotenoides y vitamina C, elementos que contribuyen a su capacidad antioxidante.
Por esa razón, el nanche puede incorporarse como parte de una alimentación orientada al cuidado de la piel y la salud general. Su aporte de vitamina C ayuda al cuerpo a formar colágeno, una proteína necesaria para la cicatrización y el mantenimiento de tejidos conectivos.
Además, estudios sobre la calidad del fruto han identificado en la pulpa de nanche nutrientes como fósforo, hierro, calcio, tiamina, riboflavina, niacina y ácido ascórbico, aunque sus cantidades pueden variar según el origen, madurez y características del fruto.
Su consumo tradicional va más allá del fruto fresco. En distintas regiones se aprovecha en aguas, helados, mermeladas, paletas, postres y licores. También se le atribuyen usos en la medicina tradicional, aunque esos efectos deben leerse con prudencia: la alimentación puede apoyar el bienestar, pero no sustituye diagnósticos, tratamientos ni recomendaciones médicas.
El nanche, por tanto, no debe presentarse como una cura ni como una solución milagrosa contra el envejecimiento. Su valor está en algo más concreto: es una fruta mexicana con nutrientes relevantes, especialmente vitamina C, que puede formar parte de una dieta variada para apoyar la producción natural de colágeno y el cuidado integral del organismo.








