Tras el freno al proyecto Perfect Day en Mahahual, la reclasificación de Loreto como puerto de altura y cabotaje abre otra discusión: qué tipo de turismo puede permitirse junto a un Área Natural Protegida
AquíNoticias Staff
La defensa ambiental logró poner un alto en Mahahual. Ahora la mirada se desplaza hacia Loreto, Baja California Sur, donde la discusión no gira en torno a un parque acuático privado, sino a la reclasificación del puerto como puerto de altura y cabotaje, una decisión que puede modificar el modelo turístico de una zona reconocida por su biodiversidad marina.
El precedente importa. El 19 de mayo, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales informó que no aprobaría el proyecto Perfect Day México, de Royal Caribbean, en Mahahual, tras la presión de habitantes, organizaciones ambientalistas y voces ciudadanas que alertaron sobre posibles daños al ecosistema costero del Caribe mexicano. La empresa, según reportó Reuters, respetó la decisión de las autoridades ambientales mexicanas.
Mahahual dejó una lección pública: los megaproyectos turísticos ya no pueden presentarse solo como inversión, empleo o modernización. También deben responder preguntas más profundas: cuánta presión soporta el territorio, qué pasa con el agua, los residuos, la fauna, el acceso comunitario y el equilibrio ecológico.
En Loreto, la preocupación nace del decreto publicado el 10 de abril de 2026 en el Diario Oficial de la Federación, mediante el cual se modificó la habilitación del puerto para clasificarlo como puerto de altura y cabotaje. El propio decreto señala que esta categoría permite atender navegación entre puertos nacionales e internacionales, y justifica la medida por el incremento del tráfico marítimo, incluidos cruceros, yates y embarcaciones de recreo.
El problema es el lugar. Loreto no es una bahía cualquiera. Es puerta de entrada al Parque Nacional Bahía de Loreto, Área Natural Protegida decretada en 1996, donde se encuentran cinco islas y especies emblemáticas como la ballena azul, ballena de aleta, ballena jorobada, orcas, delfines, lobos marinos y aves, de acuerdo con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.
Además, Bahía de Loreto forma parte de las Islas y Áreas Protegidas del Golfo de California, sitio reconocido por la UNESCO como una zona de alta importancia para la conservación marina. La UNESCO describe este conjunto como un espacio con islas, costas, arrecifes, humedales y ecosistemas marinos relevantes dentro del Golfo de California.
Por eso la pregunta pública no es menor: ¿puede un territorio cuya principal riqueza es su vida marina convertirse en escala de grandes cruceros sin alterar aquello que lo hace valioso?
Quienes defienden la reclasificación hablan de conectividad, turismo y aprovechamiento económico. Esa parte del argumento no puede ignorarse. Loreto vive del turismo y necesita oportunidades. Pero una política pública responsable no debe confundir más visitantes con mejor desarrollo. En destinos frágiles, el crecimiento sin límites puede terminar dañando la base misma de la economía local.
El turismo de naturaleza depende de una condición básica: que la naturaleza siga ahí. Ballenas vivas, aguas limpias, islas protegidas, pesca local, prestadores de servicios comunitarios y visitantes que llegan a observar, no a saturar.
Mahahual mostró que la ciudadanía organizada puede obligar a revisar proyectos que parecían avanzar por la fuerza de la inversión. Loreto puede abrir una discusión similar, pero antes de que el daño sea irreversible. No se trata de cerrar la puerta al turismo, sino de preguntarse qué turismo cabe en una bahía protegida.
La diferencia es de fondo. Un megacrucero puede traer miles de pasajeros en pocas horas. Pero también puede traer ruido submarino, presión sobre servicios, residuos, tráfico marítimo y riesgo para especies que no pueden defenderse en una conferencia de prensa.
Loreto no necesita parecerse al Caribe masificado ni competir por volumen. Su valor está en otro lugar: en su bahía, en sus islas, en sus ballenas, en su ritmo comunitario y en un modelo de turismo que puede ser más pequeño, más cuidadoso y más duradero.
Después de Mahahual, la discusión ambiental en México ya no puede tratarse como un estorbo para el desarrollo. Es parte central del desarrollo. Porque si el progreso destruye el paisaje, desplaza a la comunidad y pone en riesgo la vida marina, entonces no es progreso: es negocio de corto plazo.
Loreto no quiere megacruceros. Quiere ballenas vivas. Y esa frase, como ocurrió con Mahahual, puede convertirse en una causa pública.








