Suprema Corte reconoce saberes textiles de mujeres artesanas del sur

La SCJN inauguró una exposición textil de Jolom Mayaetik para reconocer símbolos, saberes colectivos y patrimonio cultural de mujeres indígenas y afromexicanas del sur del país

AquíNoticias Staff

La Suprema Corte de Justicia de la Nación abrió sus puertas a una forma de memoria que no siempre ha sido escuchada desde las instituciones: la que se borda, se hereda y se guarda en los textiles de los pueblos.

Con la inauguración de la exposición y bazar “Memoria y Patrimonio Cultural en Símbolos: Iconografía Textil de San Andrés Larráinzar, por la Cooperativa Jolom Mayaetik”, el máximo tribunal del país colocó en el centro del debate público los saberes colectivos de mujeres artesanas indígenas y afromexicanas del sur de México.

La muestra recupera y documenta la iconografía textil local de San Andrés Larráinzar, en Chiapas, como parte de la identidad cultural mexicana. No se trata únicamente de piezas artesanales: son símbolos, historias, cosmovisiones y conocimientos transmitidos por generaciones.

El evento fue impulsado por la Red de Cooperativas del Sur (RECOSUR), organización mexicana fundada en 2016 e integrada por 35 cooperativas de mujeres indígenas y afromexicanas de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Michoacán. Su propósito es abrir caminos para que estos símbolos colectivos sean reconocidos y protegidos en México y en el ámbito internacional.

Durante la apertura, el ministro Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte, señaló que anteriormente las personas indígenas o afrodescendientes eran tratadas como extrañas en su propio país.

“Hoy está comenzando a transformarse el país y hoy sentimos la cercanía. Yo quiero que así se sientan, como en casa. Aquí hay un hermano; hay ministros y ministras que están cercanos a la gente, al pueblo. Nos da muchísimo gusto que la Corte se vista en estos días con la iconografía de San Andrés Larráinzar”, enfatizó.

El ministro también reconoció que la elección judicial abrió una llave importante para que los pueblos originarios accedan a la toma de decisiones en la Corte y para generar espacios que los visibilicen ante la sociedad.

La lectura política es profunda: la justicia no solo se expresa en sentencias. También puede hacerlo cuando reconoce patrimonios, escucha memorias y abre sus espacios a comunidades históricamente marginadas.

Elizabeth García Hernández, integrante de la Mesa Directiva de la Cooperativa Jolom Mayaetik y representante de 205 mujeres, explicó que desde 2003 han trabajado en territorios para recuperar y documentar la iconografía de la cosmovisión de distintas comunidades del sur del país.

Hasta ahora, muchos de esos símbolos solo habitaban en la memoria de las tejedoras y no contaban con un registro formal.

“A través de este registro de símbolos ancestrales, el trabajo trasciende la técnica para convertirse en un acto de identidad y preservación cultural, asegurando que este conocimiento no se pierda y permanezca como un legado vivo para las futuras generaciones de hijas y nietas de la comunidad”.

Por su parte, la senadora Susana Harp Iturribarría planteó que el Estado mexicano reconoce que la salvaguarda efectiva de los elementos de cultura e identidad reside en el conocimiento profundo de las comunidades.

“Hay muchas otras herramientas que el Estado mexicano está proponiendo y pueden ser parte de esta gran urdimbre, pero el resto de los hilos los tienen que proponer ustedes, porque conocen a profundidad su patrimonio y nosotros debemos acompañarles, darles los espacios y las herramientas, pero el ajuste preciso, el ajuste fino nos los tienen que dar ustedes. Nos tienen que decir cómo lo corregimos, cómo lo afinamos, cómo les acompañamos”, expuso.

Además de la exposición, se instaló un bazar con venta de artesanías, con el objetivo de dar proyección global al patrimonio textil y posicionar la voz de las mujeres artesanas en espacios de diálogo y reconocimiento cultural.

A la ceremonia acudieron como testigos de honor las ministras Lenia Batres Guadarrama, María Estela Ríos González, Sara Irene Herrerías Guerra, y el ministro Irving Espinosa Betanzo; así como José Hernández Hernández, secretario general de la Presidencia de la SCJN, y mujeres artesanas integrantes de la Cooperativa Jolom Mayaetik.

La presencia de estos textiles en la Suprema Corte deja una imagen poderosa: las instituciones también pueden vestirse de memoria. Y cuando la justicia mira hacia los pueblos, el patrimonio deja de ser folclor para convertirse en derecho, identidad y futuro.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *