Unidad frágil / Eduardo Torres Alonso

La política en México enfrenta uno de esos episodios en donde a pesar de decir que todo va bien, lo cierto es que no es así. La retórica de la unidad choca de frente con la realidad de las ambiciones.

Al ver el panorama hacia el proceso electoral de 2027, año en que habrán de renovarse 17 gubernaturas, es claro que la alianza entre Morena y el Partido Verde ha dejado de ser monolítica para convertirse en un tablero de ajedrez en donde cada jugador mueve sus piezas con intenciones de ganar. Esta tensión puede ser explicada por el propio diseño institucional en donde se premia a las minorías partidistas si se alinean, pero que hoy, ante la existencia de un partido mayoritario, se obliga a los partidos a buscar una identidad propia, así sea con el costo de desafiar de manera abierta a quienes han sido sus compañeros en otras elecciones.

Esta historia de desencuentro tiene como fecha de inicio el 7 de marzo de 2026 cuando el Consejo Nacional de Morena estableció la prohibición de que familiares directos de gobernantes en funciones participen en las encuestas internas para la selección de candidaturas. Morena buscó, con esta decisión, combatir el nepotismo, algo de lo que se le acusado al existir, en distintos poderes y órdenes de gobierno, familias enteras de militantes de esa organización.

No obstante, esta resolución no cayó bien en el Verde cuya estructura, en algunos estados, se basa en liderazgos regionales con fuertes vínculos familiares. El caso de San Luis Potosí es botón de muestra. Dicha entidad es el laboratorio político en donde este desencuentro alcanza su mayor temperatura. Ruth González Silva, senadora de la República, está vinculada con Ricardo Gallardo Cardona, gobernador potosino. ¿La razón? Son esposos

Algo similar ocurre en Zacatecas en donde Saúl Monreal Ávila estira las ligas de la disciplina partidista. Ante el freno de Morena a las familias políticas, la posibilidad de que el Verde o incluso el Partido del Trabajo funcionen como vehículos para los cuadros desplazados no sólo una teoría, sino una estrategia en marcha.

Estos pleitos internos de la coalición gobernante pueden fragmentar el voto e impactar de forma positiva en la oposición al recuperar competitividad.

Lo que está en juego en las elecciones del año próximo va más allá de la continuidad de un proyecto, sino que tiene que ver con la definición de qué es un aliado en un sistema donde el partido mayoritario busca centralizar todo y los partidos que orbitan a su alrededor reclaman su derecho a decidir quienes serán sus candidatas y sus candidatos.

La confrontación que se ve es síntoma de que la realpolitik ha tomado el lugar que le corresponde en la arena de negociación y la luna de miel que existió al ganar las elecciones de 2024 quedó atrás.

¿Importan más los votos que la lealtad a un proyecto o un partido? El Verde ya fue aliado del PRI y del PAN; ahora lo es de Morena. Parece que su emancipación es cuestión de tiempo.

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