La cicatriz presidencial: Sheinbaum cierra filas en Morena y deja las heridas abiertas para 2027}

Por Eduardo Díaz

En política mexicana, la frase “operación cicatriz” nunca ha sido sinónimo de curación. Es el arte de barrer el polvo bajo la alfombra antes de que alguien se tropiece con él. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en Morena en estos días de abril de 2026, cuando el partido que presume ser “movimiento” se comporta cada vez más como una extensión del despacho presidencial.

La salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional no fue una renuncia voluntaria ni un gesto de madurez política. Fue, para decirlo con crudeza, una patada elegante hacia la Consejería Jurídica del gobierno federal. Sheinbaum la sacó del partido y la colocó en el gabinete con la misma naturalidad con la que se cambia un cuadro en la oficina. El mensaje fue clarísimo: quien no se alinee al 100% con la nueva jefa, mejor que busque acomodo en otro lado. Morena no tolera sombras que no sean las de la Presidencia.

C i t l a l l i : e l  f i l t r o  d e  l a s  b o l e t a s

La guardiana de las candidaturas:

lealtad por encima de resultados

El relevo no es casual. Entra Citlalli Hernández, exsecretaria de las Mujeres, ahora al frente de la Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas. No es un ascenso orgánico: es una designación directa que concentra en una sola persona el filtro de las candidaturas rumbo a las elecciones intermedias de 2027. Quien tenga su bendición, va. Quien no, se queda fuera. Simple. Efectivo. Y profundamente antidemocrático para un partido que en 2018 llegó gritando contra los dedazos.

Citlalli llega con un currículum que habla más de lealtad que de resultados. Durante su paso por la Secretaría de las Mujeres, su presencia fue más notoria en actos de proselitismo morenista que en una defensa contundente y autónoma de las agendas feministas. Los que conocen el partido por dentro lo comentan en voz baja: era más eficaz promoviendo a Claudia que empujando políticas transformadoras.

Ahora, desde el corazón electoral de Morena, su rol es aún más delicado: será la guardiana de las boletas. Un poder que antes se repartía y que hoy se concentra para evitar sorpresas.

El dato que incomoda: Morena llegó al poder en 2018 prometiendo acabar con el dedazo y la imposición de candidaturas desde arriba. Hoy, la Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas —que decide

quién compite y quién no— queda en manos de una sola Dgura con nombramiento directo desde Palacio. El vocabulario cambió. El método, no.

M o n t i e l : e l  p o d e r   q u e  n o 

n e c e s i t a  t í t u l o

Ariadna Montiel y la maquinaria invisible

Pero el verdadero peso pesado que se mueve en las sombras es Ariadna Montiel. La secretaria de Bienestar no necesita títulos partidistas para mandar. Su conocimiento del terreno es brutal: controla la red de programas sociales que hoy son el principal instrumento de movilización y control político del gobierno.

En un país donde millones de familias dependen de esas transferencias, Montiel no solo reparte dinero: construye lealtades territoriales. Si ella termina asumiendo un rol más visible en la dirigencia —como ya se especula en los pasillos del partido—, Morena habrá completado el círculo perfecto: la Presidencia decide, la Comisión de Elecciones filtra y los programas sociales operan como maquinaria electoral disfrazada de política social.

Un triángulo de poder que ya no necesita simularlo.

  • Sembrando Vida, Pensión para el Bienestar, Becas Benito Juárez. Montiel conoce cada nodo de esa red. Y en un ciclo electoral, ese conocimiento no tiene precio. Literalmente.-

C h i a p a s :  e l  e s p e j i s m o  d e             T u x t l a

Santiago Rodríguez y las cartas sin maquillaje

Y luego está el caso que ilustra cómo se está jugando este tablero: Guillermo Santiago Rodríguez en Chiapas. Su nombre ya suena fuerte como aspirante a la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez. Pero pongamos las cartas sobre la mesa sin maquillaje. Santiago no es un cuadro con arraigo propio ni con estructura territorial consolidada. Su principal credencial es su cercanía con Citlalli Hernández.

Su diputación federal la obtuvo gracias al tsunami electoral de Sheinbaum en 2024, no por trabajo local. Ahora quiere saltar a una elección municipal intermedia donde el nombre presidencial no aparecerá en la boleta y donde, además, no es originario de la capital chiapaneca y en su momento se atrevió a criticar al gobernador Eduardo Ramírez Aguilar.

En Chiapas, como en el resto del país, esas facturas políticas no se perdonan. Y la constante sigue siendo la misma: nada se mueve sin que el “número uno” —hoy en Palacio Estatal— termine de acomodar las piezas. Las candidaturas no se ganan con trabajo de campo anticipado. Se otorgan cuando el poder decide que el tablero ya está ordenado, y en eso el gobernador es un gran ajedrecista, milímetrico, conocedor y decisivo.

La variable que lo define todo: En Chiapas, el ajedrez del poder no se mueve sin la configuración que determine el número uno. Que Santiago sea cercano a Citlalli puede abrirle puertas en la Ciudad de México. Pero las puertas que importan en Tuxtla las abre—o las cierra— otro.

E l f o n d o  d e l  a s u n t o

Morena no está sanando.

Está tapando.

Esto no es una simple reorganización interna. Es la consolidación de un modelo donde Morena deja de ser un partido con vida propia para convertirse en un apéndice del Ejecutivo. Sheinbaum no está curando heridas: las está tapando con lealtades incondicionales. Mientras tanto, las grietas reales —el hartazgo por el uso clientelar de los programas sociales, la falta de cuadros con verdadero arraigo local y la creciente percepción de que las decisiones se toman en un solo despacho— siguen ahí, debajo de la cicatriz.

Y 2027 está más cerca de lo que parece. Cuando lleguen las urnas intermedias, veremos si esta “operación cicatriz” fue un acto de inteligencia política… o simplemente el maquillaje que precede a la hemorragia.​​​​​​​​​​​​​​​​

En Morena, como antes en el PRI, las candidaturas no se ganan. Se conceden. Y entre ambos, hoy, solo cambia el color de la playera.

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