Una petición ciudadana llama a rescatar el Cerro Mactumatzá y la Meseta de Copoya ante denuncias por presunta actividad minera y trituración de piedra en una zona clave para el aire, el agua y la calidad ambiental de Tuxtla Gutiérrez
AquíNoticias Staff
Tuxtla Gutiérrez no puede hablar de futuro urbano mientras deja en riesgo sus pulmones naturales.
El Cerro Mactumatzá y la Meseta de Copoya forman parte de la riqueza ambiental de la capital chiapaneca. No son sólo paisaje ni fondo de postal: son zonas que ayudan a regular el clima, captar agua, conservar biodiversidad y sostener la calidad de vida de miles de familias.
De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural, el Cerro Mactumatzá y el corredor Cerro Mactumatzá-Meseta de Copoya son una Zona Sujeta a Conservación Ecológica, decretada en 2015, con 2 mil 870.090 hectáreas en Tuxtla Gutiérrez y Suchiapa. La propia ficha oficial la identifica como el principal pulmón de la capital del estado y un espacio relevante para la captación de agua hacia los ríos Sabinal y Suchiapa.
Por eso, el llamado ciudadano que circula en plataformas digitales no debe leerse sólo como una protesta ambiental. Es una petición de rescate. Una exigencia para que las autoridades revisen, inspeccionen y actúen frente a presuntas operaciones irregulares de minería y trituración de piedra en la zona.
El planteamiento es claro: Mactumatzá y Copoya son riqueza natural para todas y todos, no sólo para quienes buscan aprovechar sus materiales. Una ciudad que pierde sus áreas verdes también pierde aire limpio, agua, sombra, biodiversidad y defensa frente al calentamiento urbano.
La preocupación se vuelve más urgente porque Tuxtla ya enfrenta problemas de calidad del aire. La Semahn mantiene un sistema de monitoreo en tiempo real para la zona metropolitana, con mediciones de contaminantes como PM2.5, ozono, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre; estas partículas finas son uno de los indicadores que suelen elevar el riesgo ambiental cuando hay humo, polvo o emisiones suspendidas.
En ese contexto, cualquier actividad que incremente polvo, remoción de suelo, tránsito pesado o pérdida de cobertura vegetal debe revisarse con mayor seriedad. No se trata sólo de proteger árboles. Se trata de proteger la salud pública, el equilibrio ambiental y el derecho de la ciudad a respirar mejor.
Habitantes de la zona sur poniente de Tuxtla han denunciado públicamente afectaciones ambientales, enfermedades respiratorias y daños en viviendas presuntamente relacionados con bancos de material pétreo y detonaciones en el entorno de Mactumatzá, según reportes periodísticos locales.
El reclamo ciudadano pide a las autoridades estatales y federales verificar permisos, transparentar información, reforzar vigilancia ambiental y detener cualquier actividad que no cumpla con la ley.
La discusión de fondo no es desarrollo contra medio ambiente. Es legalidad contra deterioro. Es interés público contra aprovechamiento particular. Es futuro urbano contra omisión.
Rescatar Mactumatzá y Copoya significa entender que la naturaleza también es infraestructura: limpia el aire, retiene agua, regula temperatura y sostiene vida.
Tuxtla necesita crecer, sí. Pero no a costa de destruir aquello que la mantiene respirando.








