Recorridos históricos sacuden la memoria olvidada de Tuxtla

El cronista ciudadano Roberto Ramos Maza impulsa una mirada crítica sobre el origen zoque y la historia urbana de la capital chiapaneca

Primer Plano Magazine / Noé Juan Farrera Garzón

No fue una clase más ni una charla de rutina. Fue un llamado directo a sacudir la memoria. En las instalaciones de la rectoría de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, se llevó a cabo el recorrido histórico sobre Tuxtla Gutiérrez, encabezado por el promotor cultural Roberto Ramos Maza, quien puso sobre la mesa una verdad incómoda: la ciudad no se conoce a sí misma.

Durante la actividad, asistentes —entre estudiantes, académicos y público en general— recorrieron no solo espacios físicos, sino capas de historia que han sido sistemáticamente ignoradas. Desde el origen zoque de Coyatoc hasta los procesos coloniales y urbanos que transformaron el territorio, la narrativa desmontó mitos profundamente arraigados.

Ramos Maza abordó temas clave como la antigüedad milenaria de Tuxtla, el verdadero significado de su nombre, la posible presencia de un basamento prehispánico bajo el templo de San Marcos y episodios históricos como el motín de 1693. También destacó decisiones poco difundidas, como la inclinación de la ciudad por integrarse a Centroamérica en el siglo XIX.

Pero el recorrido no se quedó en el pasado. También señaló las consecuencias del llamado urbanicidio del siglo XX, que borró parte del rostro histórico de la ciudad, así como la desaparición de barrios fundacionales como San Andrés y San Miguel.

Uno de los puntos que más resonó fue la persistencia de la cosmovisión zoque en prácticas actuales, como la festividad de las Virgencitas de Copoya, donde la relación ancestral con la luna sigue presente, aunque bajo nuevas formas.

El mensaje fue claro y sin adornos: Tuxtla no carece de historia, carece de reconocimiento. Y esa omisión tiene consecuencias.

Este tipo de iniciativas, impulsadas desde espacios académicos como la Unicach, abren una oportunidad para reconectar con el pasado desde una mirada crítica y documentada. No se trata de nostalgia, sino de asumir la responsabilidad de conocer el territorio que se habita.

Porque entender Tuxtla no es un lujo cultural, es una tarea pendiente que sigue esperando a quienes decidan dejar de pasar de largo y comenzar a mirar con atención.

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