Aunque muchas personas los toman para “reparar” la microbiota después de un tratamiento, especialistas advierten que la evidencia sobre los suplementos probióticos es limitada y que, en algunos casos, podrían retrasar la recuperación natural
AquíNoticias Staff
Los antibióticos son una herramienta esencial para tratar infecciones bacterianas. Han salvado millones de vidas y siguen siendo indispensables en la medicina moderna. Pero su uso también puede provocar efectos secundarios digestivos como náuseas, diarrea, cólicos o dolor abdominal.
Por eso, muchas personas recurren de manera automática a suplementos probióticos después de tomar antibióticos, con la idea de “reparar” la microbiota intestinal. Sin embargo, la evidencia científica no respalda esa práctica como una recomendación general para todas las personas.
La doctora Trisha Pasricha, gastroenteróloga y profesora de medicina en la Harvard Medical School, explicó en una columna publicada por The Washington Post que los antibióticos no sólo eliminan bacterias causantes de una infección, sino también microorganismos beneficiosos que viven en el intestino. Aun así, señaló que el microbioma suele recuperarse naturalmente en pocas semanas en la mayoría de los casos.
La advertencia central está en los suplementos. De acuerdo con la especialista, no existen datos concluyentes que demuestren la eficacia de los probióticos comerciales para restaurar la microbiota después de antibióticos, y hay evidencia que sugiere que podrían incluso retrasar esa recuperación.
Un metaanálisis publicado en 2023 concluyó que la suplementación con probióticos durante tratamientos con antibióticos no mostró influencia relevante en los índices de diversidad del microbioma intestinal. Además, un estudio publicado en Cell en 2018 observó que el uso de probióticos después de antibióticos se asoció con una recuperación más lenta e incompleta del microbioma original, en comparación con la recuperación espontánea.
Esto no significa que todos los probióticos sean inútiles ni que nunca deban usarse. La evidencia apunta a que su utilidad depende del caso, del tipo de paciente, del riesgo clínico y de la cepa utilizada. Por eso, la decisión debe tomarse con orientación médica, especialmente en personas inmunosuprimidas, con enfermedades crónicas o con riesgo de infecciones intestinales.
La microbiota también puede verse afectada por el tipo de antibiótico. Un estudio sueco publicado en Nature Medicine analizó datos de tres cohortes poblacionales con casi 15 mil personas y encontró asociaciones entre el uso de antibióticos orales en los ocho años previos y cambios en la composición del microbioma intestinal. Entre los fármacos vinculados a alteraciones más persistentes se mencionan la clindamicina y algunas fluoroquinolonas.
Frente a este panorama, la recomendación más consistente no apunta a comprar suplementos de manera automática, sino a fortalecer la salud intestinal con hábitos sostenidos. Una dieta rica en fibra ayuda a alimentar a las bacterias beneficiosas del intestino, que fermentan esa fibra y producen compuestos asociados con beneficios metabólicos e inmunológicos.
También hay evidencia a favor de incorporar alimentos fermentados. Investigadores de Stanford reportaron que una dieta rica en alimentos fermentados durante 10 semanas aumentó la diversidad del microbioma y redujo marcadores inflamatorios en personas adultas sanas.
El punto no es temerle a los antibióticos, sino usarlos correctamente. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recuerdan que los antibióticos no funcionan contra virus como los que causan resfriados, gripe o la mayoría de los cuadros de bronquitis. También recomiendan tomarlos exactamente como fueron indicados cuando sí son necesarios.
La conclusión es práctica: si un médico indica antibióticos, deben tomarse conforme a la receta. Pero no conviene añadir suplementos probióticos por costumbre, sin consultar. Para cuidar el intestino, la evidencia favorece más una alimentación diversa, rica en fibra y con alimentos fermentados, que una cápsula tomada como promesa rápida.
Ante diarrea intensa, fiebre, dolor abdominal persistente, sangre en heces o síntomas que empeoran durante o después del tratamiento, se debe buscar atención médica. La información orienta; el diagnóstico y el tratamiento corresponden al personal de salud.








