Chiapas, ¿se apagó?
Son las ocho de la noche en Berriozábal. El calor no se ha ido; se quedó atrapado entre las paredes. Los niños dan vueltas sobre camas ardientes, buscando el sueño. Los adultos mayores respiran lento, aferrados a las pocas brisas que cruzan la noche, mientras las casas conservan el fuego del día como un horno que nunca termina de apagarse.
Y entonces pasa lo de siempre. Se va la luz. Otra vez. Como ayer. Como antier. Como todas las noches desde hace semanas. No es un apagón, es un horario.
A las ocho en punto, Berriozábal se apaga. Con una puntualidad que la CFE jamás ha tenido para reparar nada. Los habitantes ya lo saben, y aun con el hartazgo se prevén cargando el teléfono, comprando velas, esperando a que alguien, algún día, recuerde que existen.
Lo más absurdo es que a pocos kilómetros está la subestación de Ciudad Maya. La infraestructura está ahí, con discurso inaugural, listón cortado y fotografía oficial, pero Berriozábal sigue quedando a oscuras, como si esa subestación estuviera en otro país.
Si en Berriozábal el apagón llega cada noche, en Tuxtla Gutiérrez el problema se vive de otra forma. Desde hace semanas, diversas colonias de la capital chiapaneca reportan cortes prolongados de electricidad. No son minutos, son horas.
En algunos casos, hasta doce horas sin luz, doce horas sin electricidad en colonias de una ciudad capital. Sin ventilador. Sin refrigerador. Sin poder conservar medicamentos. Sin poder trabajar. Sin poder vivir con algo parecido a la normalidad, y con llamadas a la CFE que nadie quiere contestar.
O peor: te dan un número de reporte que desaparece en el laberinto burocrático de una empresa que hace tiempo dejó de funcionar como servicio público.
Horas sin luz, semanas con el mismo problema, en colonias de la capital de un estado mexicano.
Pero el destino todavía tenía guardada una escena perfecta para retratar lo absurdo. Tianguis Turístico, Acapulco. Evento oficial, con micrófonos, con cámaras, y funcionarios de primer nivel, y la presencia de Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, representando al gobierno que prometió rescatar la soberanía energética del país.
Entonces ocurrió. Se fue la luz, Veinte minutos de oscuridad en pleno evento gubernamental, los funcionarios tuvieron que continuar los discursos alumbrándose con la linterna de sus celulares. No es metáfora, pasó de verdad.
El gobierno que prometió fortalecer a la CFE terminó dando discursos iluminado con teléfonos. Ni Cantinflas habría escrito un guion así.
Pero lo que está pasando en Chiapas no es casualidad, es política energética. Durante años, empresas privadas construyeron plantas solares, parques eólicos y centrales eléctricas que agregaban capacidad real al sistema.
Luego llegó la decisión ideológica, se cambiaron reglas, se cancelaron contratos, se reformó la ley para darle prioridad absoluta a la CFE, los inversionistas se fueron, el gobierno prometió que la empresa del Estado cubriría todo.
Pero no invirtió lo suficiente, no modernizó la red, no construyó la capacidad que hacía falta, hoy el resultado se ve con claridad. Está en colonias de Tuxtla que llevan semanas padeciendo cortes eléctricos, está en Berriozábal apagándose cada noche a las ocho, está en una secretaria de Gobernación dando su discurso con la linterna del celular.
La CFE no puede sola, nunca pudo, pero el gobierno decidió apostar todo a una sola carta,y ahora el país paga la apuesta.
Esta noche, en Berriozábal, a las ocho en punto volverá a irse la luz y nuevamente una madre intentará dormir a sus hijos con demasiado calor y un enfermo le rogará a Dios que no se eché a perder el medicamento dentro del refrigerador.
Y alguien en una oficina con aire acondicionado en la Ciudad de México firmará un comunicado asegurando que el sistema eléctrico nacional funciona con normalidad.
En Chiapas lo saben bien, la luz se va todas las noches, la vergüenza, también.








