Estudios difundidos por Psychology Today señalan que sostener emociones como el rencor provoca estrés crónico, debilita el sistema inmunológico y favorece trastornos físicos y emocionales, mientras que el perdón puede convertirse en una vía de recuperación
AquíNoticias Staff
El resentimiento sostenido no sólo afecta el estado de ánimo, sino que puede convertirse en un factor de riesgo para la salud física y mental. Investigaciones recientes difundidas por Psychology Today advierten que mantener emociones negativas como el rencor provoca un estado de alerta permanente en el organismo, deteriora las relaciones personales y facilita la aparición de enfermedades.
De acuerdo con los estudios citados, la incapacidad para procesar ofensas o emociones dolorosas puede mantener a una persona atrapada durante años en un círculo de malestar emocional. Ese proceso alimenta agresividad, apatía, inseguridad y una percepción constante de amenaza, con efectos que van desde la ansiedad y la fatiga hasta la presión arterial alta.
El psiquiatra Bessel van der Kolk, referido en esa recopilación, explica que la memoria emocional puede reactivar una respuesta de alarma en el cerebro, enviando al cuerpo señales continuas de peligro. Esa tensión repetida termina por debilitar el sistema inmunológico y consolidar un ciclo de estrés, enfermedad y distanciamiento afectivo.
Frente a ello, la evidencia también apunta hacia el perdón como una herramienta de recuperación. El psicólogo Fred Luskin, director del Proyecto de Perdón de Stanford, sostiene que aprender a perdonar contribuye a reducir el estrés, fortalecer emociones positivas y mejorar la salud general. El planteamiento, aclaran los especialistas, no implica justificar ni olvidar la ofensa, sino liberar el resentimiento por bienestar propio.
Las investigaciones difundidas por Psychology Today identifican además cuatro estrategias para salir del rencor crónico: cultivar la atención plena, practicar la autocompasión, compartir la experiencia con personas de confianza o terapeutas, y separar el acto cometido de la identidad de quien causó el daño. Ese proceso, sostienen, puede transformar el resentimiento en empatía, resiliencia y una mayor sensación de control sobre la propia vida.
Los especialistas insisten en una distinción clave: perdonar no significa tolerar la injusticia ni renunciar a exigir reparación. Significa, más bien, impedir que el daño siga gobernando la salud emocional y física de quien lo sufrió.








