La exposición moderada a la tierra, la jardinería y los espacios naturales puede favorecer el bienestar físico y emocional; la clave está en hacerlo con conciencia, higiene y respeto por el entorno
AquíNoticias Staff
Durante años, la limpieza absoluta fue entendida como sinónimo de salud. Pero la relación entre cuerpo, naturaleza y microbios ha abierto una conversación distinta: un poco de tierra también puede ser benéfica.
Un artículo de The New York Times recoge investigaciones que apuntan a que la exposición a ambientes naturales, granjas, senderos, jardines y suelos vivos puede influir de manera positiva en el microbioma, el sistema inmunológico y el estado de ánimo.
El texto menciona que quienes crecen en granjas suelen registrar menores índices de enfermedad de Crohn, asma y alergias, probablemente por el contacto con una mayor diversidad de microbios. También refiere estudios sobre la bacteria Mycobacterium vaccae, presente en el suelo, asociada con posibles efectos antiinflamatorios en el cerebro.
La idea no es abandonar la higiene ni promover riesgos innecesarios. El punto es recuperar una relación más equilibrada con la naturaleza: caminar por senderos, tocar la tierra, hacer jardinería, sembrar plantas, jugar con lodo o pasar más tiempo al aire libre.
Christopher A. Lowry, profesor de fisiología integrativa en la Universidad de Colorado Boulder, explicó al diario que al estar en contacto con la naturaleza “inhalamos una enorme cantidad de diversidad microbiana”.
El artículo también refiere un experimento en Finlandia, donde niñas y niños de guarderías urbanas con suelo forestal autóctono mostraron un sistema inmunológico más fuerte y un microbioma más saludable que quienes asistían a espacios con patios de grava.
Las actividades recomendadas van de lo simple a lo comunitario: caminar en la naturaleza, practicar ciclismo de montaña, acampar, hacer senderismo, sembrar tomates, fresas o hierbas aromáticas, crear jardines con plantas nativas o construir pequeños espacios para atraer insectos y polinizadores.
La jardinería aparece como una de las prácticas más accesibles. Además del contacto con la tierra, permite cultivar alimentos, reducir estrés y crear una rutina de cuidado. No hace falta un terreno amplio: una maceta, un balcón o una cesta colgante pueden ser suficientes para empezar.
También hay una dimensión emocional. El contacto con la tierra rompe la distancia excesiva entre la vida cotidiana y el mundo natural. En tiempos de encierro, pantallas y sedentarismo, ensuciarse las manos puede ser una forma sencilla de volver al cuerpo, al ritmo lento y a la observación.
La recomendación debe hacerse con responsabilidad: evitar suelos contaminados, lavar las manos después de manipular tierra, proteger heridas abiertas y tener precaución en personas con condiciones de salud que requieran cuidados especiales.
Ensuciarse no significa descuidarse. Significa entender que la naturaleza no es sólo paisaje: también es contacto, microvida, movimiento y bienestar.








