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Luis Alaminos Guerrero, el pintor que encontró refugio en Chiapas

Luis Alaminos Guerrero, el pintor que encontró refugio en Chiapas

Trascendió a nivel nacional por su labor dentro del teatro, las artes plásticas y el fomento a la cultura; es uno de los formadores de varios creadores de la entidad

Arnold Jarquín / Aquínoticias

Nació en 1930 en Nerja, en la provincia española de Málaga, pero la vida trajo a Luis Alaminos Guerrero hasta Chiapas, y aquí está gran parte de su obra. A nivel nacional trascendió en la vida pública por su labor dentro del teatro, las artes plásticas y el fomento a la cultura, y a nivel local fue galardonado con el Premio Chiapas.

Tras dejar su lugar natal a mediados del siglo XX, por la Guerra Civil Española, Alaminos Guerrero llegó con su familia a República Dominicana y después a la Ciudad de México, en donde hizo estudios en la Escuela San Carlos de Artes Plásticas, el mismo lugar que albergó a muralistas mexicanos como David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera.

En esa serie de acontecimientos llegó a radicar a Tuxtla Gutiérrez, momento histórico en el que estaba permeada por la actividad cultural del Ateneo de Ciencias y Artes de Chiapas, por lo que no solo encontró tierra fértil para su trabajo sino a personas que vieron en el arte su vocación y dieron un lugar a Chiapas en el panorama nacional, como el artista plástico Reynaldo Velázquez, quien fue uno de sus alumnos.

El rezago que vivía el estado no fue impedimento para que Luis Alaminos pudiera desarrollarse en el teatro, con recursos propios y creatividad puso en escena más de 50 obras, despertando la sensibilidad artística en las y los jóvenes; esta labor cultural le permitió a una compañía del estado ganar el primer Premio Nacional de Teatro con la obra La Rebelión de los Colgados, de Bruno Traven.

Alaminos Guerrero se convirtió en un personaje de la vida artística contemporánea de Chiapas, en sus pinturas refleja un estilo de realismo expresionista influenciado por su entorno y las posturas políticas de compromiso social: Mujeres y hombres, cuerpos alargados, escenas de la vida cotidiana y seres mitológicos caracterizados por tonos muy azules.

Las manifestaciones en las artes plásticas, la manera en que se hace cultura y el teatro en Chiapas se debe al gran trabajo que realizó. En 1988 fue galardonado con el Premio Chiapas, sus creaciones forman parte del acervo familiar y otras se encuentran bajo el resguardo del Coneculta.

En el Centro Cultural Jaime Sabines, en Tuxtla Gutiérrez, se encuentra el mural “Cada paso que doy es una ristra de edades”. La obra refleja la presencia natural del paisaje chiapaneco y figuras humanas realizando actividades propias del campo. Actualmente es posible visitarla.

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