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Nueva Constitución chilena / Claudia Corichi

Nueva Constitución chilena / Claudia Corichi

Octubre, mes de cambios para la República de Chile, tierra de Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Violeta Parra, Víctor Jara, Salvador Allende y varias figuras icónicas más de la izquierda latinoamericana. Hace un año ocurrió el Estallido Social, un movimiento de protestas masivas que surge de las diversas demandas de la sociedad sobre un sistema que les ha fallado por años y que ha llevado a la ciudadanía a las calles constantemente. Desde entonces, el gobierno de Sebastián Piñeira y su populismo de derecha han enfrentado constantes reclamos y movilizaciones que exigen cambios en temas transcendentales como educación, empleo y servicios de salud.
La población está cansada de vivir en un estado al servicio de una minoría acomodada. Fue en este impulso que el movimiento feminista cimbró al mundo, a finales de 2019, al grito de “el violador eres tú”, impactante performance que fue replicado y aplaudido globalmente. Ahora, el aniversario del Estallido Social trajo consigo también este reclamo agudizado por la desigualdad, generada por el sistema económico y político, y la convicción de que la lucha por la igualdad es transversal, y la paridad también debe serlo.
En Chile, como en el resto del mundo, el contexto de pandemia hizo evidentes las brechas entre unos pocos privilegiados y la calidad de vida del resto. Con el brote de coronavirus, las actividades pararon, pero las desigualdades no, ni tampoco las manifestaciones. El domingo pasado, después de 6 meses de esperar los comicios, con 78% de los votos a favor, se aprobó el plebiscito que permitirá a la nación chilena cambiar el rumbo aboliendo la norma suprema que sostiene el andamiaje jurídico de la Nación que, bajo la dictadura militar de Augusto Pinochet, surgió como un instrumento que afianzaba un sistema elitista.
El nuevo capítulo inicia ahora, el proceso constituyente deberá revisar los temas más elementales como derechos civiles y sociales, además de los políticos. La sociedad chilena tiene la oportunidad de cambiar las reglas del juego y decidir nuevas formas para la distribución del poder y de los recursos públicos, y por primera vez en el mundo, un país lo hará con 100% ciudadanía electa y en paridad. Esto podría sentar bases para un nuevo pacto social que elimine desigualdades y permita el desarrollo de una sociedad justa con todas y todos.
La aplastante aprobación del cambio legitimará el proceso siempre que se mantenga un ambiente igualitario, transparente y confiable. Vendrán momentos de debate en cuanto a temas específicos, entonces la empatía y el diálogo serían la ruta para atenuar el dolor histórico. Entre la diversidad de opiniones, la unidad social que sustente la nueva Constitución y un nuevo entramado institucional serán la base del nuevo Chile que muchas y muchos sueñan.

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