Parar la barbarie / Claudia Corichi

Es casi unánime el rechazo mundial al ataque criminal de Hamás cometido contra civiles israelíes que se saldó con 1400 muertes, 260 de ellas tuvieron lugar en un festival musical en el desierto convertido en una trampa letal. Con estas acciones de terror, el grupo extremista profundizó las desavenencias ancestrales e irreconciliables entre dos pueblos incapaces de coexistir en un minúsculo territorio.

Los mismos países que aprobaron la resolución 181 de la ONU para la partición de Palestina en un Estado judío y un Estado árabe, son los mismos que han sido incapaces de exigir el cumplimiento de ese mandato con múltiples consecuencias, como la radicalización de la resistencia palestina y la ocupación israelí. Las agresiones e incursiones son incontables en 76 años desde aquel decreto y evidencian que los actores en conflicto y el mundo en su conjunto han optado por la diplomacia reactiva y posponer una solución efectiva y pacífica.

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Las victorias bélicas se materializan en la conquista de territorio como sucedió en Los Altos del Golán arrebatado al Líbano y Siria en la Guerra de 1967 y la Península del Sinaí negociada con Egipto en 1979. Israel, la nación con más gasto militar per cápita del mundo ha expandido su dominio con los asentamientos de colonos y la asfixia económica en contra de Gaza y de Cisjordania.

No quedó nada del legado pacifista del Primer ministro Isaac Rabín y el líder palestino Yaser Arafat que signaron los Acuerdos de Oslo en los jardines de la Casa Blanca hace 30 años. Tras la violenta incursión de las milicias de Hamás el 7 de octubre, la paz parece una quimera y el establecimiento del Estado palestino se ve imposible en esta generación. Bajo el argumento de defenderse, el Estado israelí ve en los atentados terroristas una oportunidad para estrechar el territorio de Gaza y cercar a su población como ya ocurre con Cisjordania.

De los 2.3 millones de gazatíes que viven en el enclave en condiciones de pobreza y aislamiento por el histórico bloqueo israelí, es probable que en unas semanas se reduzca su número en medio millón que buscarán refugio en países musulmanes, si es que pueden. Luego del ultimátum lanzado por el Estado hebreo para la evacuación de palestinos del enclave, se prevé una feroz e indiscriminada ofensiva militar para ocupar una tercera parte de la franja y descabezar al grupo extremista.

Llama la atención que la dureza de la respuesta militar tenga como propósito un apartheid o una limpieza étnica contra Palestina, aumentando la rabia de naciones árabes que podrían involucrarse como teme Estados Unidos, cuyo presidente llega hoy a Tel Aviv, presuntamente para contener a Benjamín Netanyahu que dirige el gobierno más derechista desde la fundación del país.

La violencia, la crueldad y la barbarie están ahora en ambos lados. Es inaceptable el ataque indiscriminado de Hamás contra civiles, como lo es el asedio a la población palestina a la que se le ha privado de alimentos, agua, electricidad y combustible. Inadmisible es la toma de unos 150 rehenes, dos de ellos de nacionalidad mexicana por parte del grupo islamista, como la matanza ayer de 500 personas por el bombardeo a un hospital repleto de niños y adultos mayores, así como el uso de fósforo blanco.

El Medio Oriente ha vuelto a arder y esta ocasión alterará los equilibrios globales. El mundo debe actuar ya. No hay lugar para la barbarie, la sinrazón y la deshumanización. ¡Basta!

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