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De «Los Porkys» a «La Manada», el pacto patriarcal que encubre y protege violadores

De «Los Porkys» a «La Manada», el pacto patriarcal que encubre y protege violadores

El pacto patriarcal existe, no es invisible. Cuando un hombre respalda las acciones de otro, cuando calla ante la violencia, cuando solapa en nombre de la lealtad, se hace parte de las dinámicas machistas que impiden a las mujeres vivir libres y sin miedo

Berenice Chavarria Tenorio / Cimac Noticias 

«Está en su naturaleza, no pueden controlarse», se suele escuchar desde la sociedad cuando un grupo de hombres agrede sexualmente a una mujer. «Ella los provocó», aseguran las autoridades. «Mi hijo no es un violador», afirman los padres sin dudarlo. Y así, dos o tres declaraciones bastan para construir complicidad, forjar un convenio implícito que los cuida y exime de toda responsabilidad: el pacto patriarcal.

Hace unos días se estrenó Alba en la plataforma de streaming Netflix, una serie situada en España que muestra el camino que una joven se ve forzada a recorrer tras ser víctima de violación: desde afectaciones psicológicas, difícil acceso a la justicia, encubrimiento a los violentadores, hasta una constante revictimización.

La historia sigue a Alba, quien sale una noche para divertirse junto a su mejor amiga; sin embargo, al abandonar el bar donde se encontraban, cuatro hombres criados bajo el sistema patriarcal abusan de su cuerpo contra su voluntad. Al despertar en la playa, ella reconoce que fue drogada, pues solo recuerda imágenes difusas de aquel momento que marcaría un antes y un después en su vida.

Video: YouTube «Alba | Netflix | Tráiler Oficial», Revista Privilege

Llama la atención que durante el desarrollo de la serie no se deja fuera un elemento importante que fomenta y busca librar a los hombres de su culpa, al colocarlos en ventaja sobre las mujeres, aun cuando ellas sean las víctimas. Hablamos del pacto patriarcal, un convenio histórico que permite a los hombres reconocerse entre iguales, interactuar en su propio beneficio y, así, perpetuar un sistema que ha sido forjado por y para ellos.

Así, los hombres crecen bajo un pacto tácito que los convierte en amigos y cómplices, con lo que se sienten acompañados y protegidos para dejar de lado los derechos de las mujeres, límites en las relaciones humanas e incluso las leyes.

CIMACFoto: César Martínez López

Leyes de hombres que protegen a hombres: «Los Porkys«

Más allá de la ficción, encontramos uno de los casos más mediáticos e indignantes que ha protagonizado un grupo de violadores. Se trata de «Los Porkys«, cuatro jóvenes que violaron a una adolescente en Veracruz y se vieron cobijados por la impunidad que ha ocasionado que 99 por ciento de las violaciones en México no se atienda, de acuerdo con la organización México Evalúa.

La historia de este grupo fue ejemplo de la complicidad familiar y judicial que protege a los agresores. Los cuatro jóvenes mayores de edad eran hijos de familias adineradas y con vínculos políticos en Veracruz. En 2015, obligaron a Daphne Fernández a subir a su vehículo, posteriormente la llevaron a casa de uno de ellos y abusaron de la joven de forma tumultuaria.

Lentamente se comenzó a develar una serie de omisiones que pusieron en evidencia la falta de garantías para las mujeres en el sistema de justicia mexicano. Recordemos que los agresores se dieron a la fuga luego de que se difundiera un video en el que reconocían su responsabilidad; pasaron meses sin que se dictara una orden de aprehensión en su contra. Sin embargo, la ola de indignación obligó a las autoridades a actuar y dar con el paradero de algunos de los violadores.

Tras la detención, Daphne se enfrentó a la misoginia judicial, ámbito desde donde se subestimaron sus acusaciones y fue revictimizada. En la denuncia contra Diego Cruz, uno de los abusadores, el juez Anuar González Hemadi resolvió en primera instancia que el implicado «no tenía la intención de llegar a la cópula» en el momento en que tocó a Daphne bajo la falda sin su consentimiento e incluso introdujo los dedos en su vagina.

CIMACFoto: César Martínez López

En medio de amparos y beneficios judiciales, «Los Porkys» son un ejemplo de injusticia en casos de violación y abuso sexual. Consideremos que incluso para uno de ellos no se ejecutó una orden de aprehensión debido a que era él quien conducía el vehículo donde la joven fue agredida; entonces, las autoridades concluyeron que él no estuvo implicado en el ataque.

«¿Por qué no hizo nada cuando comencé a llorar y a decirle a Diego y a Jorge que dejaran de hacerme lo que hacían?», se pregunta Daphne, calificando al agresor como cómplice. Esta escena representa puntualmente el significado del pacto: protección, permisividad y apoyo a las acciones de un hombre a otro.

La joven ha tenido que recorrer un camino en el que fue juzgada y amenazada por haber salido a divertirse. Mientras, ellos han sido protegidos y hasta el momento, el cobijo patriarcal los sigue abrazando desde la justicia y en su núcleo familiar, pues sus madres y padres han tachado a Daphne de «difamar» a sus hijos, quienes —para ellos—serían incapaces de cometer tal crimen.

«Sí he tomado, sí he salido de fiesta, sí he usado faldas cortas como la gran mayoría —por no decir todas— las niñas de mi edad. ¿Por eso me van a juzgar?, ¿por eso me lo merecía?», cuestionó Daphne en un mensaje dado a conocer en sus redes sociales.

Del consentimiento ignorado y violentado: «La Manada«

El caso de Veracruz también nos conduce a la agresión perpetrada contra una mujer en Pamplona, España. Fue durante las fiestas de los «Sanfermines» de 2016 cuando cinco hombres violaron a una joven de 18 años, lo que desató el enojo y reclamo entre la sociedad de su país y a nivel internacional.

Tras la denuncia de la víctima, los implicados no titubearon en asegurar que el hecho se había tratado de sexo consentido e incluso se atrevieron a acusar a la sobreviviente de mentir; esto, aun cuando sabían que la joven se encontraba en estado de indefensión e incluso había videos y fotografías —que ellos mismos capturaron— donde quedaba demostrado.

Una serie de pesquisas y un mal tratamiento al caso llevaron a las autoridades españolas a determinar que lo sucedido se trataba de abuso y no de violación, pues de acuerdo con sus criterios no había existido violencia al momento de la agresión. Con esto, las penas contra los cinco acusados fueron de menor rigor.

La decisión detonó protestas: «Solo  es sí», «No es abuso, es violación«, «Yo sí te creo«, fueron algunos mensajes que decenas de mujeres elevaron en sus carteles. La indignación escaló cuando los cinco hombres fueron puestos en libertad provisional luego de haber permanecido en prisión por un corto periodo de tiempo.

CIMACFoto: Hazel Zamora Mendieta

Recordemos que existían mensajes de WhatsApp entre el grupo de agresores en los que confesaron su crimen: «Follándonos a una los cinco», «Todo lo que cuente es poco», «Hay video». Y a pesar de esto, frente a las cámaras se decían inocentes y las autoridades aceptaban su versión.

¿Cómo pensar que esto no es protección?

Ocurrieron protestas, nuevas investigaciones se llevaron a cabo y un sinfín de alegatos tuvieron lugar. Finalmente se sentenció a 15 años a los implicados, luego de que el Tribunal Supremo determinó que se trató de una violación debido a que la víctima sufrió una «situación intimidante» que provocó que ella misma «adoptara una actitud de sometimiento, haciendo lo que los autores le decían que hiciera ante la angustia e intenso agobio que la situación le produjo por el lugar recóndito, angosto y sin salida en el que fue introducida a la fuerza«.

Así, se concluyó que los integrantes de «La Manada» aprovecharon la circunstancia para perpetrar 10 agresiones sexuales.

Resulta casi inverosímil pensar que una mujer deba transitar estos caminos para acceder a la justicia; que no se crea en su acusación, pero sí se condone a los agresores, quienes al emitir frases como «no lo hice» o «ella miente» obtienen un encubrimiento total desde distintos niveles del Estado.

Así es como opera el pacto patriarcal, así se ha creado un muro alrededor de los hombres que les permite violar, desaparecer y asesinar con la garantía de que se priorizará su palabra y se les cuidará hasta el último momento.

El pacto patriarcal existe, no es invisible. Cuando un hombre respalda las acciones de otro, cuando calla ante la violencia, cuando solapa en nombre de la lealtad, se hace parte de las dinámicas machistas que impiden a las mujeres vivir libres y sin miedo.

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